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Aspectos psicosomáticos en la úlcera gastroduodenal

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En cuanto al sistema digestivo, el sistema nervioso simpático, inhibe su acción, lo que da lugar a :

1.Cese de los movimientos peristálticos estomacales.

2. Cese de la secreción de ácidos y enzimas, lo cual, a su vez provoca una disminución de secreciones mucosas y de bicarbonato, que son factores protectores. Una vez que desaparece el estresor, y vuelven a segregarse los ácidos con normalidad, las pareces del estómago no han recuperado todavía su capacidad para defenderse de los efectos del ácido.

3. Cese de la absorción de sustancias.

4. Disminución del riego sanguíneo estomacal. Durante el estrés, el sistema nervioso desvía la sangre  a zonas más importantes para hacer frente a la amenaza percibida, como los músculos. Esta disminución de aporte sanguíneo puede provocar úlceras por dos motivos:

a) Al disminuir el riego sanguíneo, se elimina menor cantidad de ácido, acumulándose más cantidad en el estómago.

b) Al disminuir el aporte sanguíneo, disminuye también el aporte de oxígeno; y cuando el riego vuelve  ser normal, aumentan los radicales de oxígeno.

La activación de este sistema se reduce en unos 15 o 30 minutos, pues no puede funcionar mucho tiempo a estos niveles de activación. De modo que si el estresor continua, se activa el eje 2, el sistema neuroendocrino, más lento pero de efectos similares. Este sistema implica la activación de las glándulas suprarrenales, con la producción de adrenalina y noradrenalina, de efectos similares al sistema nervios simpático  (cese del peristaltismo, cese de la secreción de ácidos, etc).

Si el estresor persiste en el tiempo, se activa el tercer eje, el eje endocrino, que segrega glucocorticodes (cortisol y cortisona), que facilitan el incremento de la irritación gástrica. La irritación gástrica mantenida da lugar a una gastritis, que hará inflamarse las células mucosas. Esta inflamación es un recurso para protegerse de la acción corrosiva del ácido gástrico, pero es bloqueada por la acción continua de los glucocorticoides, produciéndose una acción corrosiva más intensa de los jugos gástricos, favoreciéndose así  la aparición de lesiones.

Al mismo tiempo, la acción de los glucocortocoides produce una disminución en la secreción de prostaglandinas, las cuales contribuyen a la cicatrización de pequeñas lesiones que se producen en el estómago como consecuencia de la disminución del riego sanguíneo en sus paredes. Al disminuir la producción de prostaglandinas, disminuye la capacidad para sanar las úlceras.

 

Por último, los altos niveles de glucocorticoides producen una disminución de la actuación del sistema inmunitario. Eso hace que el estómago esté menos protegido frente a la acción de las bacterias que se encuentran con frecuencia en el estómago, como la Helicobacter pylori.

Todas estas respuestas fisiológicas se ven también afectadas por factores de predisposición genética, que hacen que existan elevados niveles de secreción de ácidos.

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