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Trastornos psicosomáticos del lactante
Las alteraciones psicosomáticas de un lactante reflejan una alteración en la relación madre-hijo. Estas alteraciones se relacionan con las funciones principales: sueño, excreción, alimentación y respiración. La estimulación que aporta la madre al niño influye en su desarrollo. Estas estimulaciones pueden ser excesivas, insuficientes o contradictorias.
1. Insomnio del primer trimestre. El insomnio es muy frecuente en el primer semestre. Suele aparecer hacia el segundo o tercer mes y puede perturbar el equilibrio de toda la familia, coincidiendo con estados de conflictos más o menos latentes en los padres. Con frecuencia se trata de una madre angustiada, por ejemplo, por la idea de que el niño podría morir durante el sueño (algunas madres despiertan al niño numerosas veces por la noche).
2. Los cólicos de los tres primeros meses. Suelen
aparecer en niños que gozan de buena salud y que después de
comer empiezan a chillar de un modo interminable e
insoportable para la familia. Estos chillidos y agitación
duran a veces de una comida a otra. El cuadro sugiere la
existencia de dolor abdominal pero la exploración médica no
indica ninguna anomalía orgánica. El síntoma desparece
repentinamente hacia la edad de 2 ó 3 meses. En gran número
de estos niños se observa una forma de hiperactividad
congénita. Podría tratarse de un estado de tensión intensa
frente al cual ni el niño ni la madre logran encontrar una
solución satisfactoria. Este trastorno puede eliminarlo el
médico con facilidad simplemente asegurando que no existe
una patología orgánica, indicando el uso del chupete para
las necesidades de succión del niño e impidiendo a la madre
que lo alimente en exceso o de un modo desordenado.
3. Alteraciones alimenticias del segundo trimestre.
Consiste principalmente en merecismo, vómito y pérdida de
apetito. El merecismo es un vómito provocado. El niño parece
rechazar parte de los alimentos, pero una fracción del
contenido del alimento es reutilizado mediante una especie
de rumiación que parece preocuparle hasta tal punto que deja
de interesarse por el medio ambiente. Suele suceder cuando
el niño está solo y aparece en el marco de una relación con
la madre caracterizada por carencias no masivas sino
selectivas. El aspecto más grave de este cuadro es el
marcado desinterés del niño hacia su entorno y se ha llegado
a considerar como una forma de aislamiento autístico. El
pronóstico es favorable, pero a menudo se debe recurrir a
una breve hospitalización durante la cual una enfermera
especializada se ocupa enteramente del niño.
La pérdida de apetito durante el segundo semestre es frecuente. Puede ser benigna y se puede eliminar rápidamente mediante un contacto psicoterapéutico con la madre. Sin embargo, a veces se acompañan de alteraciones del sueño o de oposicionismo. A veces es solo una reacción al destete o a un cambio de horario en las comidas. Entonces puede caerse en un círculo vicioso cuando la madre trata de forzar a su hijo a comer y éste desarrolla un comportamiento de oposición. Entonces la madre se atormenta por lo que interpreta como un rechazo de su hijo hacia ella. Por lo general, en estos casos basta con que la madre deje de forzar al niño para que, cuando la tensión se afloje un poco, vuelva a comer con normalidad.
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