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Psicología / Psicosomática


Aspectos psicológicos en la fatiga crónica

 

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Fatiga crónica y trastornos psicológicos

 

Las investigaciones realizadas sugieren que la fatiga crónica se asocia más a trastornos emocionales que a cuadros médicos. Según Komaroff y Fagioli (1996) las causas más comunes de fatiga crónica son la depresión y el estrés laboral.


En los trastornos psicológicos es común la existencia de fatiga, siendo uno de los síntomas más importantes en la depresión y los trastornos de ansiedad. Por ejemplo, uno de los síntomas diagnósticos del trastornos de ansiedad generaliza es el de fatigarse con facilidad, junto a alteraciones del sueño y problemas de concentración (todos ellos síntomas típicos de la fatiga crónica).


Un estudio realizado por Manu y colaboradores en 1996 con una muestra de 200 pacientes con síntomas de fatiga crónica mostró que la mayor parte de los pacientes presentaban los síntomas de fatiga asociados a trastornos psicológicos (73 %). Un 22 % de los pacientes presentaba una fatiga crónica no explicada, el 2% una fatiga asociada a trastornos médicos y el 3 % presentaba tanto trastornos físicos como médicos.


Entre los trastornos psicológicos asociados a la fatiga, los más comunes fueron los trastornos de tipo depresivo (42 % de los pacientes). También destacan, aunque en menor grado, el trastorno de pánico y los trastornos somatomorfos.

 

El síndrome de fatiga crónica (SFC)

 

Se trata de un síndrome caracterizado por un cansancio continuo que se prolonga durante al menos seis meses y que se acompaña de una incapacidad para llevar a cabo tareas laborales, domésticas o de otro tipo sin que pueda achacarse a una enfermedad médica conocida. En muchos casos aparece tras una enfermedad vírica, mientras que en otros existe una asociación con trastornos psicológicos.


Los síntomas principales son la fatiga física y mental que aumentan con la actividad, junto a problemas de memoria y concentración. También suelen darse dolores musculares, problemas respiratorios y mareos. Se suelen acompañar de síntomas de ansiedad y depresión, que los pacientes atribuyen a la propia fatiga.

 

Estas personas suelen rechazar la existencia de un trastorno emocional o de un origen psicológico para sus síntomas, creen que éstos se deben a una posible enfermedad y tienen miedo de que la actividad física los haga empeorar, de modo que tienden a restringirla. No obstante, en muchas ocasiones, se dan grandes oscilaciones, alternando entre niveles elevados de actividad y periodos de inactividad.