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Página 2
Desarrollo social
Los niños que pasan la mayor
parte de su primer año de vida en centros de cuidado tienden
a ser tanto o más sociables que los niños que están en casa,
confían en sí mismos, tienen mejores logros y resuelven
mejor los problemas. Estos niños se sienten mejor en
situaciones nuevas, son menos tímidos y menos miedosos,
tienen una mayor expresividad verbal y son más
colaboradores.
Un estudio realizado con niños que ingresaron en centros de
cuidado a una edad promedio de siete meses, encontró que
entre los cinco y los ocho años de edad estos niños tenían
más amigos y eran más afectuosos con ellos, tomaban parte en
más actividades extraescolares y eran más asertivos.
Estos niños suelen ser también más desobedientes y menos
amables con los adultos y a ser más autoritarios y agresivos
con otros niños, hablar más fuerte y ser más bulliciosos.
Esto puede ser debido a que estos niños son más
independientes y desean seguir su propio camino, pero aún no
tienen las habilidades para hacerlo adecuadamente.
La persona que está al cuidado de los niños juega un papel
muy importante. Cuando los niños en su etapa de los primeros
pasos se sienten seguros con los maestros, más adelante son
más sociables y menos agresivos, y cuando se llevan bien con
sus maestros tienden a llevarse bien también con otros
niños. En cambio, quienes a la edad de preescolar son más
dependientes de sus maestros, son después más retraídos y
agresivos. Por tanto, la relación entre maestro y niño es
importante.
Desarrollo emocional
Algunas madres temen que si
sus hijos permanecen mucho tiempo al cuidado de otras
personas, el vínculo afectivo entre ella y su hijo se vea
perjudicado. Sin embargo, el cuidado temprano de un niño no
implica un riesgo por sí mismo, sino que sólo puede resultar
perjudicial cuando dicho cuidado es de mala calidad y el
ambiente familiar es deficiente.
En familias estables, cuando los niños reciben un cuidado de
alta calidad en los centros, los resultados son buenos. En
cambio, cuando la atención que reciben es inestable (por
ejemplo, la persona que lo cuida cambia con frecuencia) o
deficiente, existe mayor probabilidad de que estos niños
eviten a sus madres y tengan problemas emocionales y
sociales más tarde.
Las madres trabajadoras que son cálidas con sus hijos, los
aceptan y son atentas con sus necesidades cuando se
encuentran en casa, establecen vínculos afectivos seguros
con sus hijos. Es decir, no importa que ella tenga que salir
de casa para trabajar, sino que cuando esté en casa con su
hijo esté realmente para él o ella, en vez de ignorarlo. Los
estudios demuestran que la mayor parte de los niños cuyas
madres salen a trabajar a tiempo completo, tienen un vínculo
afectivo seguro con ella. No obstante, es posible que el
trabajo y la separación de su hijo que conlleva, le genere
un estrés que pueda interferir con el vínculo afectivo. Pero
el trabajo en sí mismo no ejerce influencia alguna.
En general, los estudios sugieren que las mujeres que
deseen volver a trabajar después de haber estado un tiempo
de baja laboral para cuidar de sus hijos, deberán volver al
trabajo antes de que el niño tenga entre 4 y 6 meses de
edad, o bien esperar hasta después del primer año.
Bibliografía: Diane E. Papalia; Sally Wendkos Olds. A child's world. Infancy through adolescence. McGraw-Hill.
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