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Los científicos detectan el
centro cerebral de la experiencia extracorpórea
La experiencia extracorpórea
se refiere a la sensación de haber salido del propio cuerpo
y flotar en su exterior.
Un equipo de científicos belgas ha relacionado esta
sensación con la actividad anormal en una región específica
del cerebro. Esa actividad parece hacer un cortocircuito del
procesamiento de la información sensorial y la capacidad de
localizarse a uno mismo en el tiempo y el espacio, afirmó el
equipo.
"La autopercepción no es nada más que una creación del
propio cerebro", explicó el Dr. Dirk De Ridder,
neurocirujano y autor principal del estudio, del
departamento de neurocirugía de la Universidad de Antwerp.
"Encontramos un lugar clave del cerebro en el que
normalmente se activan distintas áreas en cualquier momento
en que entra un estímulo, de manera que se pueda relacionar
el estímulo con uno mismo, lo que ayuda a crear una
percepción unificada de nosotros mismos".
"La percepción total del yo", añadió, "está constituida por
distintas partes. Y una de esas partes es que el lugar de la
conciencia es el propio cuerpo".
"Pero cuando algo sale mal en esa área del cerebro de manera
que la integración de toda la información entrante (vista,
oído, olfato, los sentidos) no sucede como debería, entonces
uno puede sentir que no está dentro del cuerpo", apuntó De
Ridder. "Se puede tener una experiencia extracorpórea. Uno
está perfectamente consciente. Simplemente se siente como si
en realidad uno no estuviera dentro del cuerpo".
El equipo de De Ridder hizo este descubrimiento mientras
observaba los efectos secundarios no anticipados de un
tratamiento ofrecido a un paciente belga de 63 años que
sufría de tinnitus, conocido más comúnmente como "zumbido en
los oídos".
Para aliviar su afección, los médicos implantaron electrodos
en una región del lado derecho del cerebro, que se conoce
como unión temporoparietal. La estimulación de los
electrodos no detuvo el zumbido en los oídos. Sin embargo,
durante el proceso, los médicos encontraron que el paciente
tenía repetidamente lo que describía como una experiencia
extracorpórea.
Al monitorizar el uso de un botón controlado por el paciente
que se oprimía al inicio y final de cada experiencia, los
investigadores encontraron que dentro del segundo siguiente
a la estimulación del cerebro con los electrodos, se
provocaban experiencias extracorpóreas que duraban entre
quince y 21 segundos por episodio.
Aunque en ningún momento causó una alteración de su
sensación de consciencia, durante cada episodio, el paciente
informaba constantemente que sentía que se salía de su
cuerpo e iba a un lugar concreto, específicamente a unas 20
pulgadas (alrededor de medio metro) detrás de su cuerpo
hacia la izquierda.
El paciente no desarrolló en ningún momento la sensación de
estar viendo su cuerpo real desde otro lugar, un fenómeno
conocido como autoscopia. En cambio, dijo que en cada
episodio extracorpóreo, percibía visualmente el mundo igual
que siempre, desde el punto de vista de su propio cuerpo.
Sin embargo, al mismo tiempo continuaba sintiendo como si su
cuerpo estuviera ubicado en otro lugar.
Las exploraciones revelaron que durante cada episodio
extracorpóreo, la actividad cerebral aumentaba en dos áreas
que rodeaban el implante del electrodo, una área pequeña en
la que el giro angular se encuentra con el giro
supramarginal, y la sección posterior de la corteza temporal
superior.
Se sabe que esa primera área está relacionada con la
integración de los estímulos sensoriales (como la vista, el
sonido y el tacto) para establecer la orientación de la
cabeza y el cuerpo en el espacio.
La otra área es reconocida como parte integral de la
formación del llamado "mapa" de autopercepción, un
ingrediente clave para establecer la conciencia del yo.
Los investigadores
concluyeron que la estimulación con electrodos de esas dos
áreas parecía alterar la autopercepción espacial de la
persona, al mismo tiempo que no afectaba la autoconciencia
global, la capacidad para percibir el mundo circundante. El
resultado fue una experiencia extracorpórea.
Fuente: New England
Journal of Medicine, noviembre, 2007