La ruptura
de una
relación de
pareja es en
realidad
mucho menos
devastador
emocionalmente
de lo que la
mayoría de
las personas
suelen
pensar. Las
personas que
afirman
estar
profundamente
enamorados
son las que
peor
predicen una
posible
ruptura
y exageran
mucho la
desesperación
que creen
que
sentirían.
"No estamos
diciendo, de
ninguna
manera, que
terminar una
relación sea
divertido o
que la gente
lo disfrute.
Una ruptura
es una
experiencia
angustiosa
para la
mayoría de
las
personas",
explicó Paul
W. Eastwick,
autor
principal
del estudio
y candidato
doctoral del
departamento
de
psicología
de la
Universidad
Northwestern.
"Pero
estamos
hablando de
cómo de
angustiada
estará la
gente. Y
resulta que
no es tan
catastrófico
como la
gente
predice".
Para
medir la
precisión de
las
predicciones
sobre las
rupturas, Eastwick
y Eli Finkel,
profesora
del
departamento
de
psicología
de la
Northwestern,
realizaron
un
seguimiento
de las
experiencias
sobre las
relaciones
de 69
estudiantes
de primer
año de la
Universidad Northwestern
durante un
periodo de
nueve meses.
Al
comienzo del
estudio, los
participantes
tenían entre
17 y 19 años
de edad, y
habían
estado en
una relación
durante al
menos dos
meses.
Contestaron
cuestionarios
on-line
quincenales
durante un
periodo de
38 semanas.
Cada
encuesta
sucesiva
pedía a los
que seguían
en pareja
que
caracterizaran
la
profundidad
de su amor
actual y que
predijeran
cuál sería
su estado
mental
emocional
dos, cuatro,
ocho y doce
semanas
después de
una supuesta
ruptura.
También se
les preguntó
con qué
rapidez
iniciarían
una nueva
relación
tras una
ruptura.
Se pidió a
los
estudiantes
de primer
año que
rompieron
con sus
parejas o
que fueron
dejados por
éstas que
describieran
varias veces
durante las
10 semanas
siguientes
lo
felices que
se sentían
tras la
relación y
cuánto se
habían
angustiado
por la
ruptura.
El 38 por
ciento de
los
participantes
(16 hombres
y 10
mujeres)
rompieron su
relación
dentro de
los primeros
seis meses
del estudio.
En promedio,
tales
relaciones
habían
durado 14
meses. Al
centrarse
solamente en
este grupo,
los
investigadores
encontraron
que, en
promedio,
las
predicciones
de
cataclismo
emocional
que los
participantes
ofrecían
apenas dos
semanas
antes de la
ruptura
resultaron
muy
exageradas,
frente a la
angustia
real que
sintieron en
los tres
meses
posteriores.
Además, la angustia
predicha
excedió por
mucho la
real incluso
meses
después de
terminada
una
relación.
Además,
los que
afirmaron
estar más
enamorados
antes de la
ruptura sí
experimentaron
un poco más
de angustia
después de
ésta, aunque
también eran
mucho más
propensos a
sobreestimar
el dolor de
terminar.
Por otro
lado, se
encontró que
los que
dijeron no
estar
enamorados
antes de
romper o
indicaban
que
iniciarían
una nueva
relación
dentro de
las dos
semanas
siguientes a
un
rompimiento
eran
"bastante
precisos" al
visualizar
una
verdadera
experiencia
posterior a
la ruptura.
Aunque la
investigación
se realizó
con estudiantes
universitarios, Finkel dijo
que es
probable que
los
hallazgos se
puedan
aplicar a
personas de
todas las
edades.
"Sería
sorprendente
si este
efecto no
apareciera
también en
personas de
más edad",
apuntó.
"Encontramos
que este
tipo de
predicción
errónea es
muy sólido.
Parece ser
un efecto
muy general
de nuestra
psique, el
no ser tan
buenos para
predecir
nuestra
propia
felicidad.
Así que,
aunque es
probable que
un divorcio
sea más
doloroso que
una ruptura
universitaria,
debería
seguir
sucediendo
que las
personas
casadas que
hacen
predicciones
predigan una
devastación
extrema por
su divorcio
inminente y
que, en
promedio,
ese divorcio
sea menos
devastador
de lo
anticipado".
Arthur
Aron,
profesor de
psicología
de la
Universidad
estatal de
Nueva York
en Stony
Brook, dijo
que el
hallazgo era
valioso,
aunque no
sorprendente. "Lo que
las personas
predicen
afecta su
conducta y
tomar
decisiones
sobre si
continuar o
terminar una
relación es
enormemente
importante
en la vida
de éstas",
aseguró.
"Así que si
se asusta
más de lo
que debería,
se quedará
en una
relación en
la que no
debería
estar".