Las personas
que no duermen la suficiente cantidad de horas son dos veces más
propensas a morir por enfermedad cardíaca, según un amplio
estudio británico.
La falta de
sueño pareció estar relacionada con un aumento de la presión
sanguínea, lo cual está ligado al incremento del riesgo de
ataque cardíaco y accidente cerebrovascular (ACV).
El estudio
consistió en un análisis de 17 años de duración realizado a
10.000 trabajadores gubernamentales de entre 35 y 55 años de
edad. Los resultados mostraron que aquellos que reducían el
sueño de siete a cinco horas o menos por noche tenían un riesgo,
1,7 veces mayor de morir por cualquier causa y más del doble de
padecer una muerte de origen cardiovascular.
Estos
resultados fueron ajustados tras tener en cuenta otros posibles
factores de riesgo, como la edad al inicio del estudio, el sexo,
el tabaquismo y el consumo de alcohol, el índice de masa
corporal, la presión arterial y el colesterol.
Los resultados
destacan el peligro de los estilos de vida modernos, plagados de
ocupaciones, señaló Francesco Cappuccio, profesor de Medicina
Cardiovascular de la University of Warwick, en la conferencia
anual de la Sociedad Británica del Sueño, en Cambridge.
"Un tercio de
la población del Reino Unido y más del 40 por ciento de la de
Estados Unidos duerme menos de cinco horas por día, por lo que
no es un problema menor", agregó el experto en una entrevista
telefónica.
"Las presiones
sociales actuales de recortar horas de sueño para que puedan
hacerse más cosas no serían buenas, sobre todo si se reduce (el
dormir) a menos de cinco horas" por noche, indicó Cappuccio.
Investigaciones previas resaltaron los posibles riesgos
cardíacos generados por trabajar en turnos rotativos y por
interrumpir el sueño.
Pero el
estudio del equipo de Cappuccio, que fue financiado por los
gobiernos británico y estadounidense, es el primero en
relacionar la duración del sueño con las tasas de muerte.
"En términos
preventivos, nuestros resultados señalan que dormir
consistentemente alrededor de siete horas por noche es óptimo
para la salud", concluyó el autor.