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Guía de tratamiento de enfermedades |
Degeneración macular
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Contenido:
Alimentación, hierbas, suplementos.
La mácula es la parte del ojo
que nos permite ver los detalles en el centro de nuestro
campo visual. Cuando se daña resulta difícil o imposible
realizar tareas como leer, coser o pintar. Los objetos
pequeños, como una letra en un papel pueden parecer torcidos
u ondulados y pueden aparecer puntos negros sobre el objeto
que estás viendo. Esta alteración visual comienza en el
centro del campo visual y, si no se detiene, se extiende
hacia la periferia y puede llegar a causar ceguera.
Hay dos tipos de degeneración macular: atrófica y
neovascular. La más común es la atrófica. Va sucediendo a lo
largo de toda la vida, conforme se van acumulando detritos
celulares bajo la retina, aunque sus efectos no se notan
hasta una edad avanzada. No se sabe exactamente por qué se
produce esto, aunque se cree que el daño causado por
radicales libres y un inadecuado suministro de sangre y
oxígeno a la mácula, pueden jugar un papel importante. Un
tratamiento con terapias alternativas puede detener y
posiblemente, revertir los daños producidos combatiendo los
radicales libres y mejorando la circulación.
La degeneración macular neovascular está causada por un
crecimiento anormal de vasos sanguíneos bajo la retina. El
fluido que atraviesa estos vasos puede dañar la mácula. Si
se detecta a tiempo, puede curarse con cirugía láser.
También puede prevenirse con las mismas terapias
alternativas usadas para la degeneración atrófica.
Los principales factores de riesgo para la degeneración
macular son la hipertensión, el envejecimiento, la
aterosclerosis y el tabaco. La dieta es un elemento esencial
para prevenir esta enfermedad.
Dado que ambos tipos de degeneración macular pueden
detectarse antes de que aparezcan los síntomas es
aconsejable revisarse los ojos de forma periódica.
Alimentación
Toma gran cantidad de fibra,
sobre todo procedente de cereales integrales y judías.
Bebe un vaso de agua cada dos horas, para estimular la
eliminación de toxinas.
Los carotenoides ayudan a proteger la mácula. Los
encontrarás en frutas y verduras como espinacas, zanahorias,
tomates, verduras de hoja verde, naranjas, uvas rojas,
mangos, melones, berza, col rizada, pimientos, apio.
Los bioflavonoides y la vitamina C trabajan juntos para
combatir los radicales libres y fortalecen los capilares y
tejidos del ojo. Toma frutos cítricos, frutos del bosque,
cerezas, tomates y ciruelas.
Evita los alimentos que contienen radicales libres, como las
grasas saturadas, hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas,
así como el azúcar, el café, el alcohol y las carnes a la
parilla.
