Medicina / Fisiología

Fisiología del riñón y vías urinarias
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A medida que el líquido
filtrado glomerular fluye por los túbulos, se reabsorbe
hasta un 99% de agua y cantidades variables de otras
sustancias como sodio y glucosa. El agua restante y las
sustancias disueltas en ella que no han sido reabsorbidas
constituyen la orina.
El riñón también utiliza energía para transportar
selectivamente unas cuantas moléculas de gran tamaño
(incluyendo fármacos como la penicilina, pero no las
proteínas) y llevarlas hacia el interior del túbulo. Estas
moléculas se excretan en la orina aunque sean demasiado
grandes para pasar a través de los poros del filtro
glomerular.
Mediante las hormonas que
influyen en la función renal, el organismo controla la
concentración de orina según sus necesidades de agua.
La orina formada en los
riñones fluye por los uréteres hacia el interior de la
vejiga, pero no lo hace pasivamente. Los uréteres son tubos
musculares que conducen cada pequeña cantidad de orina
mediante ondas de contracción. En la vejiga, cada uréter
pasa a través de un esfínter, una estructura muscular de
forma circular que se abre para dejar paso a la orina y
luego se va estrechando hasta cerrarse herméticamente.
La orina se va acumulando en
la vejiga a medida que llega con regularidad por cada
uréter. La vejiga, que se puede dilatar, aumenta
gradualmente su tamaño para adaptarse al incremento del
volumen de orina y cuando finalmente se llena, envía señales
nerviosas al cerebro que transmiten la necesidad de orinar.
Durante la micción, otro
esfínter, ubicado entre la vejiga y la uretra (a la salida
de la vejiga), se abre, dejando fluir la orina.
Simultáneamente, la pared de la vejiga se contrae, creando
una presión que fuerza la orina a salir por la uretra. La
contracción de los músculos de la pared abdominal añade una
presión adicional. Los esfínteres, a través de los cuales
los uréteres entran en la vejiga, permanecen herméticamente
cerrados para impedir que la orina refluya hacia los
uréteres.
