Resistencia del
cuerpo a la infección
El cuerpo humano está
continuamente expuesto a bacterias, hongos, virus y parásitos
que se encuentran en la piel, boca, intestino, vías
respiratorias, membranas que recubren los ojos y vía urinarias.
Muchos de estos agentes pueden llegar a ocasionar enfermedades
si invaden los tejidos más profundos. Además, estamos expuestos
de manera intermitente a otros virus y bacterias procedentes del
exterior.
Por suerte, el organismo cuenta
con un sistema de defensa frente a estos agentes infecciosos y
tóxicos. Este sistema está formado por los glóbulos blancos
(también llamados leucocitos).
Los glóbulos blancos
Los leucocitos o glóbulos blancos
incluyen una serie de células que se forman en la médula ósea y en parte de los
ganglios linfáticos. Después
de producirse son transportados por la sangre a diversas partes
del organismo, donde ejercen sus funciones. Son transportados
específicamente a zonas donde hay inflamación, donde
proporcionan una defensa rápida contra cualquier posible agente
infeccioso.
En la sangre se encuentran seis
tipos de glóbulos blancos: neutrófilos, eosinófilos, basófilos,
monocitos, linfocitos y células plasmáticas. Los tres primeros
reciben el nombre de granulocitos, debido a su aspecto
granuloso. Además hay un gran número de plaquetas, que son
fragmentos de un séptimo tipo celular localizado en la médula,
el megacariocito. La función de las plaquetas consiste en
activar el mecanismo de la coagulación de la sangre.
Los granulocitos y los monocitos
destruyen directamente a los invasores mediante un proceso
llamado fagocitosis.
Los linfocitos y las células
plasmáticas funcionan principalmente en relación con el sistema
inmunitario; sin embargo, algunos linfocitos también puedes
destruir directamente a los invasores, acción semejante a la de
los granulocitos y monocitos.
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