Medicina / Enfermedades
Tuberculosis pulmonar
Aunque se trata de una
enfermedad infecciosa controlable y curable, dista mucho de
estar erradicada. Al menos un tercio de la población mundial
está infectada con el bacilo de la tuberculosis. Es una de
las enfermedades asociadas al SIDA más importantes y se
considera que mientras el SIDA no sea controlado, es poco
probable que la tuberculosis pueda ser eliminada.
La tuberculosis es una infección crónica producida
principalmente por Mycobacterium tuberculosis. Se transmite
por vía aérea, al toser o expectorar. Una vez que entra en
el pulmón, los mecanismos de defensa del árbol respiratorio
son incapaces de impedir que lleguen hasta los alveolos
pulmonares, donde encuentran las condiciones adecuadas para
multiplicarse. El bacilo produce en los alveolos una
inflamación inicialmente mínima. Allí las células defensivas
llamadas macrófagos los fagocitan (los incorporan en su
interior para digerirlos) y los transportan a los ganglios
linfáticos. Sin embargo, no son destruidos en el interior de
los macrófagos sino que se multiplican en su interior,
destruyendo un gran número de ellos y se liberan al interior
del ganglio donde pasan a la sangre venosa y se diseminan
por todo el organismo. Sin embargo, para multiplicarse
necesitan oxígeno, de modo que no suelen causar daños en
órganos como la médula ósea, hígado o bazo. En cambio, los
bacilos que llegan a los vértices del pulmón, riñón,
metáfisis óseas y corteza cerebral encuentran condiciones
favorables para su crecimiento e invaden los linfáticos de
esas zonas.
Esta primera infección suele ser asintomática y se
desarrolla en 3-10 semanas. Durante este tiempo el organismo
desarrolla una hipersensibilización al bacilo, de modo que
las células inmunitarias son ahora capaces de destruirlo.
Así, los bacilos implantados en un órgano mueren o
permanecen en estado de latencia en el interior de los
macrófagos, de modo que no llega a desarrollarse la
enfermedad.
Sin embargo, estos bacilos que permanecen en estado de
latencia en algún órgano son capaces de reactivarse meses o
años después. Esto suele ocurrir en casos en los que el
sistema inmunitario se ve deprimido, como en la
desnutrición, enfermedades debilitantes, insuficiencia renal
crónica, diabetes, neoplasia, tratamientos prolongados con
glucocorticoides y otros fármacos inmunodepresores, y sobre
todo el SIDA. Las alteraciones inmunológicas que acompañan
al SIDA facilitan la aparición de tuberculosis de
reactivación y la progresión rápida de infección a
enfermedad.
Aunque como decíamos antes, diversos órganos pueden verse
afectados, lo más frecuente es la afectación del pulmón, que
da lugar a tuberculosis pulmonar.
Cuando el bacilo se reactiva, el organismo está ya
sensibilizado. Es decir, si en la primera infección las
células defensivas no fueron capaces de destruirlo, ahora sí
lo son. El bacilo es envuelto rápidamente por linfocitos T
sensibilizados. Estos linfocitos atraen a monocitos y los
transforman en macrófagos tan activos que son capaces de
destruir a los bacilos. Se forma así el llamado tubérculo de
Köster. El tubérculo es una estructura defensiva muy eficaz,
suficiente para eliminar la infección y destruir todos o
casi todos los bacilos en la mayoría de los casos. No
obstante, en algunas personas la respuesta inmune se retrasa
o es frenada por factores supresores, de modo que el bacilo
tiene tiempo de multiplicarse tanto que requiere una
concentración muy grande de células defensivas que, en su
lucha contar el bacilo, destruyen zonas del pulmón.
La tendencia evolutiva es hacia la fibrosis (formación de
tejido cicatricial) como forma de curación. Las lesiones
fibrosas determinan una serie de modificaciones anatómicas
que, si son generalizadas, pueden dar lugar a insuficiencia
respiratoria.
Bibliografía:
- Farreras, Rozman. Medicina interna. Mosby/Doyma libros
- Patología estructural y funcional. Robbins.
Interamericana-McGraw-Hill
- Manual de patología general. S. de Castro del Pozo. Masson
- Tratado de fisiología médica. Guyton.
Interamericana-McGraw-Hill