Neumonía
Consiste en una
inflamación, generalmente infecciosa, del pulmón, caracterizada por
la presencia de fiebre, disnea (dificultad para respirar), tos
con producción de esputo y dolor torácico.
Nuestras vías
respiratorias y alveolos entran cada día en contacto con aire que
contiene polvo, sustancias químicas y microorganismos peligrosos.
El
destino de las partículas inhaladas depende de su tamaño. Las más
grandes se depositan en las vías respiratorias superiores, las
medianas en la tráquea y los bronquios y las más pequeñas se
depositan en las vías respiratorias terminales y en los alveolos. El
pulmón posee una serie de mecanismos de defensa que eliminan estas
partículas de la siguiente manera:
Depuración nasal. Las
partículas que se depositan en la parte anterior de las vías
respiratorias son eliminadas al estornudar o sonarse.
Depuración traqueobronquial.
El movimiento de los cilios del epitelio pulmonar desplaza
constantemente una película de moco desde los pulmones hacia la
orofaringe, de modo que las partículas adheridas a esta película son
tragadas o expulsadas por la boca.
Depuración alveolar. En
los alveolos existen unas células llamadas macrófagos, encargadas de
fagocitar (digerir y destruir) estas partículas.

La neumonía puede
aparecer siempre que se deteriora cualquiera de estos mecanismos de
defensa o siempre que las defensas generales disminuyen. Los
mecanismos de depuración pueden ser inhibidos por muchos factores
como:
-
La inhibición del reflejo de la
tos. Esto puede dar lugar a la aspiración de contenido gástrico.
-
La alteración del mecanismo de
depuración mucociliar, bien por deterioro funcional o bien por
destrucción del epitelio ciliado favorecido por el humo del
tabaco, la inhalación de gases calientes o corrosivos, las
enfermedades virales, etc.
-
La interferencia de la función
fagocitaria de los macrófagos alveolares provocada por el
alcohol, el humo del tabaco, etc.
-
La congestión y el edema
pulmonar.
-
La acumulación de secreciones en
procesos tales como la fibrosis quística y la obstrucción
bronquial.
La presencia de
microrganismos en los alveolos pulmonares ocasiona una respuesta
defensiva inflamatoria. Se trata de una reacción violenta de
las células que revisten el alveolo pulmonar, que se traduce en una
exudación serofibrinosa que ocupa el alveolo produciendo una
condensación del mismo; es decir, el aspecto esponjoso de una zona
del pulmón se transforma en macizo. Esta condensación puede ocupar
la zona peribronquial (bronconeumonía), un segmento (neumonía
segmentaria) o, incluso, uno o varios lóbulos pulmonares (neumonía
lobar).
Consecuencias
Normalmente, al
resolverse el exudado, el pulmón no resulta dañado. No obstante, a
veces la zona ocupada por el exudado fibrinoso es invadida por unas
células llamadas fibroblastos, que originan la fibrosis (formación
de tejido fibroso de esa zona).
La zona afectada por la
neumonía queda excluida de su labor ventilatoria, dando lugar a
hipoxemia (oxigenación deficiente de la sangre).
Bibliografía:
- Farreras, Rozman.
Medicina interna. Mosby/Doyma libros
- Patología estructural
y funcional. Robbins. Interamericana-McGraw-Hill
- Manual de patología
general. S. de Castro del Pozo. Masson
- Tratado de fisiología
médica. Guyton. Interamericana-McGraw-Hill