Aterosclerosis
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La aterosclerosis es una variedad
de arteriosclerosis (endurecimiento de las arterias) que afecta
a las arterias de mediano y gran calibre.
Es el proceso en el cual los
depósitos de sustancias grasas, colesterol, residuos celulares,
calcio y otras sustancias se acumulan en la pared interna de una
arteria. Esta acumulación se llama placa de ateroma. Cierto
endurecimiento de las arterias ocurre a menudo conforme una
persona envejece.

Las placas pueden crecer lo
suficiente como para reducir perceptiblemente el flujo sanguíneo
a través de la arteria, pero el daño principal ocurre
cuando las placas se vuelven frágiles y se rompen. Las placas
que se rompen dan lugar a la formación de coágulos sanguíneos
que pueden bloquear el flujo sanguíneo o desprenderse y viajar a
otra parte del cuerpo, obstruyendo cualquier otra arteria. Si se
bloquea un vaso sanguíneo que alimenta al corazón, se producirá
un infarto de miocardio. Si se
bloquea un vaso sanguíneo que alimente al cerebro, se producirá
un infarto cerebral. Y si el aporte sanguíneo a brazos o las
piernas se reduce, puede provocar dificultad para caminar y
finalmente gangrena.
El comienzo de la
aterosclerosis
La aterosclerosis es una
enfermedad lenta y compleja que comienza típicamente en la
juventud y progresa conforme una persona envejece. En algunas
personas progresa rápidamente, incluso en la tercera década de
sus vidas. Muchos científicos piensan que comienza con un daño
en la capa íntima de la arteria. Entre las causas del daño a la
pared arterial se encuentran las siguientes:
El humo del tabaco produce una
gran agravación de la aterosclerosis y acelera su crecimiento en
las arterias coronarias, la aorta y las arterias de las piernas
(las arterias coronarias aportan sangre al músculo del corazón-
el miocardio-; la aorta es el vaso sanguíneo de mayor tamaño a
través del cual el corazón bombea sangre al cuerpo). Debido al
daño a la pared arterial, se depositan en ella cada vez más
colesterol, plaquetas, residuos celulares, calcio y otras
sustancias. A su vez, estos depósitos pueden estimular las
células de la pared arterial para producir otras sustancias que
den lugar a una acumulación adicional de células.
Estas células y material
circundante espesan la pared arterial perceptiblemente. El
diámetro de la arteria se reduce y el flujo de la sangre
disminuye, reduciendo el aporte de oxígeno a los órganos y
tejidos. A menudo se forma un coágulo de sangre cerca de
esta placa y bloquea a la arteria, deteniendo el flujo de
sangre.
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