Apendicitis aguda
Consiste en una
inflamación del apéndice. Su incidencia es máxima entre los 10 y los
35 años, aunque puede observarse a cualquier edad. En más de la
mitad de la población, el apéndice tiene un extremo móvil cuya
posición puede
cambiar según los estados de contracción o dilatación
del ciego, lo cual puede tener implicaciones clínicas.
En la mayoría de los
casos, se produce por una obstrucción que suele estar ocasionada por
un fecalito (masa de materia fecal dura y seca) y con menor
frecuencia, por cálculos, tumores, cuerpos extraños o
parásitos. La dieta rica en fibra disminuye la posibilidades de
concentración de fecalitos.

Tras la obstrucción, el
apéndice se inflama, produciéndose edema y exudados de fibrina. Esto
puede resolverse de forma espontánea y evolucionar hacia la
curación. En caso contrario, se producen erosiones de la mucosa con
supuración. La mucosa sigue segregando líquido, lo cual hace que
aumente la presión en su interior provocando su distensión. Esta
distensión estimula las terminaciones nerviosas, lo cual da lugar a
la aparición del dolor. A medida que la presión aumenta, el riego
sanguíneo se ve comprometido, dando lugar a falta de oxígeno
(hipoxia). Esto favorece la proliferación bacteriana y la ulceración
de la mucosa. La hipoxia y la infección conducen a la trombosis de
los vasos sanguíneos y a la gangrena y perforación del
apéndice, que suele estar presente a las 24-36 horas de iniciarse el
proceso.
Si al cabo de 48 horas
de la aparición del dolor, el paciente no es intervenido
quirúrgicamente, se origina una tumoración o plastrón apendicular,
formado por el apéndice al que se adhieren el epiplón y las asas
intestinales vecinas, que puede palparse fácilmente como una
tumoración redondeada en la fosa ilíaca derecha (cuadrante inferior
derecho). Este plastrón acaba
transformándose en un absceso (acumulación de pus) que al romperse
se abre a la cavidad peritoneal, generalizándose la infección, que
puede provocar la muerte del enfermo.
En algunos casos el
primer ataque de apendicitis puede resolverse espontáneamente para
aparecer más tarde (apendicitis crónica).

Síntomas
La secuencia clásica de
los síntomas es la siguiente: dolor abdominal, náuseas, vómitos,
dolor a la presión en la fosa ilíaca derecha y fiebre.
El dolor es el síntoma
más constante. Con frecuencia el paciente dice haber tenido
problemas digestivos durante los dos o tres días previos. En forma
característica, el dolor aparece por la noche, en general en el
epigastrio (inmediatamente por debajo del esternón) o
alrededor del ombligo. Otras veces es difuso en todo el abdomen o,
con menos frecuencia, se localiza directamente en la fosa ilíaca
derecha. Es un dolor continuo, de intensidad moderada, que
aumenta con la tos, los movimientos respiratorios o al andar y no
cede al emitir ventosidades ni tras el vómito. A las pocas horas, el
dolor se localiza definitivamente en la fosa ilíaca derecha. Una
mejoría brusca del dolor suele indicar perforación del apéndice. Con
frecuencia puede observarse una ligera flexión de la cadera por
irritación muscular. La extensión de la pierna derecha provoca un
dolor intenso. Aproximadamente el 95% de los pacientes presentan
pérdida de apetito, náuseas y vómitos.
El vómito no mejora las
náuseas ni el dolor. La fiebre no es muy alta. La aparición de
fiebre alta puede indicar la formación de un absceso.
La localización del
apéndice y la edad del paciente pueden alterar sustancialmente el
cuadro clínico descrito.
Bibliografía:
- Medicina interna.
Farreras, Rozman. Mosby/Doyma libros
- Patología estructural
y funcional. Robbins. Interamericana-McGraw-Hill
- Manual de patología
general. S. de Castro del Pozo. Masson
- Tratado de fisiología
médica. Guyton. Interamericana-McGraw-Hill