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ESPÁRRAGO: Sus puntas son sabrosas, y su tallo leñoso constituye, en decocción, un excelente diurético. Es conveniente, sin embargo, utilizarlo con moderación, sobre todo quien esté sujeto a cistitis o prostatitis. La preparación, en efecto, resulta muy irritante para el epitelio, y abusar de ella podría provocar un accidente.
ESPINACAS: Son
ricas en hierro y en ácido fólico, lo cual hace de ellas un
excelente reconstituyente.
GIRASOL: No se
trata de una verdura propiamente dicha, sino de una flor que
proporciona una semilla de la que se extrae un aceite
ligero, particularmente recomendado para todos aquellos que
sufren de colesterol o de arteriosclerosis.
HINOJO: Sus
semillas, cocidas con leche, permiten confeccionar una
tisana que resuelve todos los empachos gástricos o
intestinales. En decocción, eliminan las migrañas.
JUDÍAS VERDES (POROTO):
las judías secundan la acción del hígado y del páncreas;
secas, no sirven en principio más que para preparar
excelentes fabadas. Sin embargo, en el campo, se cuidan
mucho de tirar las vainas tras haberlas desgranado. Secas y
hervidas en agua, permiten obtener una bebida muy diurética
que soluciona todas las dolencias de los riñones.
LECHUGA: La
ensalada de lechuga ayuda a combatir el insomnio pero para
este uso es mucho más eficaz en decocción.
MAÍZ: No es el
grano comestible del maíz lo que contiene los principios
medicinales más eficaces, sino la barba que corona la
espiga. Conviene pues conservarla cuando se tiene la
oportunidad de conseguir espigas enteras. Desecada, esta
barba sirve para hacer una decocción que es capaz de
multiplicar por cuatro el volumen de la orina excretada en
veinticuatro horas.
NABO: El nabo
es un fortificante. En cuanto al jugo, se obtiene ya sea
vaciando el tubérculo y echando en el hueco un poco de
azúcar en polvo, ya sea aplastando el nabo crudo con azúcar.
Este jugo, calma las irritaciones pulmonares y las toses
rebeldes.
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