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Medicina y terapias alternativas. Artículos


Drogodependencias: la cocaína y sus efectos

 

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Intoxicación aguda

 

El uso de cocaína produce estados de euforia y manía que dan lugar a cuadros de ansiedad y agitación disfórica. Los consumidores de cocaína tienen un mayor riesgo de presentar ataques de pánico. Tras unos días o semanas de consumo masivo y repetitivo, los cocainómanos pueden caer en una profunda crisis depresiva. La disforia producida por la cocaína consiste en un cuadro de agitación con hiperactividad psicomotora, supresión del apetito, insomnio y sensación subjetiva de sobrestimulación, con pérdida de control de la personalidad. Suelen recuperarse a lo largo de las 24 horas siguientes.
 
La cocaína es capaz de atravesar la barrera hematoencefálica, de modo que puede modificar el funcionamiento cerebral y lesionar el cerebro. Los efectos tóxicos de la cocaína sobre el sistema nervioso central se manifiestan, principalmente, por convulsiones motoras. Estas convulsiones pueden llegar a causar la muerte por depresión respiratoria.

 

Dependencia psicológica

 

La cocaína se caracteriza por su alta capacidad para producir dependencia psicológica. Conseguir cocaína se acaba convirtiendo en el eje fundamental de la vida del adicto que sigue usándola a pesar de los problemas de todo tipo que trae consigo (problemas familiares, laborales, financieros, legales y de salud).
 
El hecho de que la estimulación producida por la cocaína dure tan solo unos 30 minutos hacen que la cocaína sea una de las sustancias que más se usa de manera compulsiva.

 

Dependencia física.

 

La capacidad de la cocaína para producir dependencia física es un tema controvertido, ya que el síndrome de abstinencia, en caso de existir, no es tan claro como el del alcohol o la heroína. En general, se tiende a considerar que la capacidad de la cocaína para generar o no síndrome de abstinencia depende de la vía de administración utilizada.
 
En algunos cocainómanos se han descrito síndromes de abstinencia que suelen durar desde unos días hasta dos semanas y se caracterizan por depresión, pérdida de energía, irritabilidad, alteraciones del sueño y una necesidad intensa de volver a tomar la sustancia.