La enfermedad como camino
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IX. LA
SEXUALIDAD Y EL EMBARAZO
La
sexualidad es el ámbito más amplio en el que los humanos dirimen,
practicando, el tema de la polaridad. El ser humano experimenta su
carencia y busca aquello que le falta. En la unión corporal con su
polo opuesto alcanza un nuevo estado de conciencia al que llama
orgasmo. Este estado lo asimila el individuo a la felicidad. Sólo
tiene un inconveniente: no puede mantenerse en el tiempo. El ser
humano trata de compensar este inconveniente por medio de la
reiteración. Por muy breve que sea este momento, indica al individuo
que hay estados de conciencia cualitativamente muy superiores al
«normal». Esta sensación de felicidad es también lo que, en
definitiva, impide que el ser humano descanse, lo que le hace estar
siempre buscando algo. La sexualidad revela ya la mitad del secreto:
cuando se unen dos polos formando una unidad se produce una
sensación de felicidad. Por lo tanto, la felicidad es «unidad».
Ahora queda la segunda mitad del secreto, la que nos revele cómo se
puede prolongar indefinidamente este estado. Muy sencillo: mientras
la unión de los opuestos se realice sólo en el plano corporal
(sexualidad), el estado de la conciencia (orgasmo) resultante está
limitada en el tiempo, ya que este plano del cuerpo está sometido a
la ley del tiempo. Sólo se libera uno del tiempo realizando la unión
de los opuestos también en la mente: si consigo alcanzar la unidad
en este plano, habré encontrado la felicidad eterna, es decir, fuera
del tiempo.
Con este
reconocimiento empieza el camino esotérico, que en Oriente se llama
camino del yoga. Yoga es una palabra sánscrita que significa
yugo. El yugo siempre forma unidad de una dualidad: dos
bueyes, dos cubos, etc. Yoga es el arte de unir la dualidad.
Dado que la sexualidad contiene en sí el esquema básico del camino
y, al mismo tiempo, lo expone en un plano accesible a todos los
seres humanos, la sexualidad ha sido utilizada en todos los tiempos
para la representación analógica del camino. Aún hoy el turista
contempla con asombro y perplejidad en los templos orientales las —a
su modo de ver— pornográficas imágenes. No obstante, aquí la unión
sexual de dos divinidades se utiliza para exponer simbólicamente el
gran secreto de la conjunctio oppositorum.
Una de
las peculiaridades de la teología cristiana es la de haber denostado
de tal manera el cuerpo y la sexualidad que nosotros, hijos de una
cultura de raíz cristiana, tratamos de construir un antagonismo
irreconciliable entre el sexo y la senda espiritual (...desde luego,
el simbolismo sexual no siempre ha sido ajeno a los cristianos, como
demuestran, por ejemplo, las «doctrinas de la esposa de Cristo»).
En muchos grupos que se consideran a sí mismos «esotéricos»
se cultiva todavía activamente esta oposición entre carne y
espíritu. En estos círculos se confunde básicamente la transmutación
con la represión. También aquí bastaría comprender el fundamento
esotérico «así arriba como abajo» para darse cuenta de que lo
que el ser humano no consiga abajo nunca podrá realizarlo arriba. Es
decir, el que tenga problemas sexuales deberá resolverlos en el
aspecto corporal, en lugar de buscar la salvación en la huida: la
unión de los opuestos es aún mucho más difícil en los planos
«superiores».
Desde
este punto de vista, tal vez resulte comprensible por qué Freud
relaciona casi todos los problemas humanos con la sexualidad. Esta
actitud tiene su justificación y sólo adolece de un pequeño defecto
de forma.
Freud (y
todos los que piensen de este modo) omitió dar el último paso desde
el plano de la manifestación concreta hasta el principio que se
halla detrás de ella. Porque la sexualidad no es sino una de las
formas de expresión posibles del principio de la «polaridad»
o «unión de los contrarios». Planteado el tema de esta forma
abstracta, incluso los críticos de Freud tendrían que convenir en
que: todos los problemas humanos pueden reducirse a la polaridad y a
la tentativa de aunar los contrarios (este paso lo dio finalmente C.
G. Jung). De todos modos, lo cierto es que la mayoría de los seres
humanos descubren, experimentan y dirimen los problemas de la
polaridad primeramente en el plano de la sexualidad. Ésta es la
razón por la que la sexualidad y la convivencia generan los mayores
motivos de conflicto para el ser humano: es el difícil problema de
la «polaridad» lo que atormenta al ser humano hasta que éste
halla el punto de la unidad.
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