La enfermedad como camino
II. POLARIDAD Y UNIDAD
Índice
Página 9
Volvamos
a considerar el campo que podemos aprehender de forma directa y
segura. Todos poseemos una conciencia del mundo polarizadora. Es
importante reconocer que lo polar no es el mundo sino el
conocimiento que nuestra conciencia nos da de él.
Observemos las leyes de la polaridad en un ejemplo concreto como la
respiración que da al ser humano la experiencia básica de polaridad.
Inhalación y exhalación se alternan constante y rítmicamente. Ahora
bien, el ritmo que forman no es más que la continua alternancia de
dos polos. El ritmo es el esquema básico de toda vida. Lo mismo nos
dice la Física que afirma que todos los fenómenos pueden reducirse a
oscilaciones. Si se destruye el ritmo se destruye la vida, pues la
vida es ritmo. El que se niega a exhalar el aire no puede volver a
inhalar. Ello nos indica que la inhalación depende de la exhalación
y que, sin su polo opuesto, no es posible. Un polo, para su
existencia, depende del otro polo. Si quitamos uno, desaparece
también el otro. Por ejemplo, la electricidad se genera de la
tensión establecida entre dos polos, si retiramos un polo, la
electricidad desaparece.
Aquí
tenemos un dibujo muy conocido, en el que cualquiera puede
experimentar claramente el problema de la polaridad que aquí se
plantea en primer término/segundo término, o, concretamente,
caras/copa. Cuál de las dos formas vea dependerá de sí pongo en
primer término la superficie blanca o la negra. Si interpreto como
fondo la superficie negra, la blanca se sitúa en primer término y
veo una copa. Esta apreciación cambia cuando considero que la
superficie blanca es el fondo, porque entonces veo como primer
término la superficie negra y aparecen dos caras de perfil. En este
juego óptico se trata de observar atentamente nuestra reacción
fijando la atención en una u otra superficie. Los dos elementos
copa/caras están presentes en la imagen simultáneamente, pero
obligan al que mira a decidirse por uno o por el otro. O vemos la
copa o vemos las caras. A lo sumo, podemos ver los dos aspectos de
la imagen sucesivamente, pero es muy difícil verlos simultáneamente
con la misma claridad.
Este
juego óptico es una buena vía de acceso a la consideración de la
polaridad. En este grabado el polo negro depende del polo blanco y
viceversa. Si suprimimos del grabado uno de los dos polos (lo mismo
da el negro que el blanco), desaparece toda la imagen con sus dos
aspectos. También aquí el negro depende del blanco, el primer plano
depende del fondo, como la inhalación de la exhalación o el polo
positivo de la corriente del polo negativo. Esta absoluta
interdependencia de los contrarios nos indica que, en el fondo de
cada polaridad, existe una unidad que nosotros, los humanos, no
podemos aprehender con nuestra conciencia, incapaz de percepción
simultánea. Es decir, tenemos que dividir toda unidad en dos polos,
a fin de poder contemplarlos sucesivamente.
Y ello
da origen al tiempo, simulador que debe su existencia únicamente al
carácter bipolar de nuestra conciencia. Las polaridades son, pues,
dos aspectos de una misma realidad que nosotros hemos de contemplar
sucesivamente. Por lo tanto, cuál de las dos caras de la medalla
veamos en cada momento dependerá del ángulo en el que nos situemos.
Sólo al observador superficial se aparecen las polaridades como
contrarios que se excluyen mutuamente —si miramos con más atención
veremos que las polaridades, juntas, forman una unidad ya que, para
poder existir, dependen una de otra—. La ciencia hizo este
descubrimiento fundamental al estudiar la luz.
Había
sobre la naturaleza de los rayos de la luz dos opiniones
contrapuestas: una propugnaba la teoría de las ondas y la otra, la
teoría de las partículas. Cada una de estas teorías excluía a la
otra. Si la luz está formada por ondas no puede estar formada por
partículas y a la inversa: o lo uno o lo otro. Después hemos
averiguado que esta disyuntiva era un planteamiento erróneo. La luz
es a la vez onda y corpúsculo. Pero también se puede dar la vuelta a
la frase: la luz no es ni onda ni corpúsculo. La luz es, en su
unidad, sólo luz y, como tal, no es concebible por la conciencia
polar del ser humano. Esta luz se manifiesta únicamente al
observador según el lado desde el que éste la contemple, bien onda,
bien partícula.
Página siguiente