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Libros online. La enfermedad como camino
VI. DOLOR DE CABEZA
Página 83
Las personas «todo
sensibilidad» están tan incompletas como las «todo cerebro».
Pero nuestra cultura ha favorecido y desarrollado tanto el
polo de la cabeza que en muchos casos padecemos un déficit
en el polo inferior. A ello se suma el problema de a qué
aplicamos nuestra actividad mental. En casi todos los casos,
utilizamos nuestras funciones racionales para la
consolidación de nuestro Yo. Por medio del modelo filosófico
causal, nos prevenimos más y más frente al destino, con
objeto de ampliar el dominio de nuestro ego. Esta empresa
está condenada al fracaso. En el mejor de los casos, acaba
como la torre de Babel, en la confusión. La cabeza no puede
independizarse y recorrer su camino sin el cuerpo, sin el
corazón. Cuando el pensamiento se disocia de lo de abajo,
rompe con sus raíces. Por ejemplo, el pensamiento funcional
de la ciencia es un pensamiento sin raíces: le falta
religión, el enlace con la causa primitiva. La persona que
sólo se rige por la cabeza, sin un anclaje en el suelo,
alcanza alturas vertiginosas. No es de extrañar que a veces
uno tenga la sensación de que va a estallarle la cabeza. Es
una señal de alarma.
La cabeza es, de todos los órganos, el que más rápidamente
reacciona al dolor. En todos los demás órganos tienen que
producirse alteraciones mucho mayores para que haya dolor.
La cabeza es nuestro vigía más despierto. Su dolor indica
que nuestro modo de pensar es erróneo, que seguimos un
criterio equivocado, que perseguimos objetivos dudosos. Da
la alarma cuando nos rompemos la cabeza con cavilaciones
estériles en busca de unas seguridades que, en definitiva,
no existen. El ser humano, dentro de su forma de existencia
material, no puede asegurar nada: en realidad, a cada
intento que realiza sólo consigue ponerse en ridículo.
El individuo suele devanarse los sesos, hasta que le sale
humo de la cabeza, por cosas intrascendentes. La tensión se
descarga por medio de la relajación que, en realidad, no es
sino otro modo de llamar al acto de soltar, de
desconectarse. Cuando la cabeza da la alarma por medio del
dolor, es que ha llegado el momento de desechar la
obcecación del «yo quiero», la ambición que nos empuja hacia
arriba, la cabezonería y el fanatismo. Es el momento de
dirigir la mirada hacia abajo y recordar las raíces.
Imposible ayudar a quienes durante años acallan esta alarma
a fuerza de analgésicos. Esos arriesgan la cabeza.
Jaqueca
«La jaqueca (migraña o
hemicránea) es un acceso de dolor de cabeza, generalmente
hemicraneal, que puede asociarse a trastornos visuales
(sensibilidad a la luz, centelleo) o digestivos, como
vómitos y diarrea. Estos ataques que generalmente duran
varias horas se presentan asociados a un estado de ánimo
depresivo e irritable. En el apogeo de la jaqueca, el
afectado siente el deseo imperioso de estar solo en una
habitación oscura o en la cama» (Brautigam). A diferencia de
lo que ocurre con el dolor de cabeza debido a la tensión, en
la jaqueca, después de unos espasmos iniciales, se produce
una gran dilatación de los vasos sanguíneos. En griego se
llama a la cabeza hemikranie (kranion = cráneo) literalmente
mitad del cráneo, palabra que denota claramente la
unilateralidad del pensamiento que, en los enfermos de
jaqueca, es similar a la que se da en las personas que
sufren dolor de cabeza provocado por la tensión.
Todo lo dicho respecto a este último síntoma vale también
para la migraña, salvo un punto esencial. Mientras que el
paciente aquejado de dolor de cabeza trata de aislar la
cabeza del tronco, el que sufre jaqueca traslada un tema
corporal a la cabeza para vivirlo en ella. Este tema es la
sexualidad. La jaqueca siempre es sexualidad desplazada a la
cabeza. Se da a la cabeza la función del vientre. Este
desplazamiento no es tan incongruente, ya que el aparato
genital y la cabeza tienen entre sí una cierta analogía. Son
las partes del cuerpo que albergan todos los orificios del
ser humano.
