La enfermedad como camino
IV. LA
DIGESTIÓN
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Los que
gustan de comidas picantes denotan deseo de nuevas emociones. Son
personas amantes de los desafíos, a pesar de que pueden ser
indigestos, diametralmente opuestas a las que sólo comen cosas
suaves: nada de sal ni especias. Estas personas rehuyen todo lo que
sea novedad. Se desentienden de los retos y temen todo
enfrentamiento. Este temor puede acentuarse hasta hacerles adoptar
un régimen a base de papillas, como el del enfermo del estómago,
acerca de cuya personalidad hablaremos más extensamente muy pronto.
Las papillas son comidas de bebé, lo que indica claramente que el
enfermo del estómago ha experimentado una regresión hasta la
indiferenciación de la infancia, en la que no se puede elegir ni
cortar y hay que renunciar hasta a morder y masticar (actividades
estas en exceso agresivas) la comida. Este individuo evita tragar
alimentos sólidos.
Un temor
exagerado a las espinas simboliza el miedo a las agresiones. La
preocupación por los huesos, miedo a los problemas —no se quiere
llegar al meollo de la cuestión—. Pero también existe el grupo
contrario: los macrobióticos. Estas personas van en busca de
problemas a los que hincar el diente. Quieren desentrañar las cosas
y prefieren los alimentos duros. Llegan hasta evitar los aspectos
placenteros: a la hora del postre, eligen algo duro de roer. Los
macrobióticos denotan así cierto miedo al amor y la ternura y su
incapacidad para aceptar el amor. Algunas personas llevan a tal
extremo su afán de huir de los conflictos que acaban teniendo que
ser alimentadas por vía intravenosa en una unidad de cuidados
intensivos. Ésta es sin duda la forma más segura de vegetar sin
tener que molestarse.
Los dientes
Los
alimentos entran por la boca y en ella son triturados por los
dientes. Con los dientes mordemos y masticamos. Morder es un acto
muy agresivo, expresión de la capacidad de agarrar, sujetar y
atacar. El perro enseña los dientes para demostrar su peligrosa
agresividad; también nosotros decimos que vamos a «enseñar los
dientes» a alguien cuando estamos decididos a defendernos. Una
mala dentadura es indicio de que una persona tiene dificultad para
manifestar su agresividad.
Esta
relación se mantiene, a pesar de que hoy en día casi todo el mundo,
incluso los niños, tiene caries. De todos modos, los síntomas
colectivos no hacen sino señalar problemas colectivos. En todas las
culturas socialmente desarrolladas de nuestra época, la agresividad
se ha convertido en un grave problema. Se exige al ciudadano
«adaptación social», lo que en realidad quiere decir: «represión
de la agresividad».
Esta agresividad reprimida de nuestro
conciudadano, tan pacífico y socialmente adaptado, vuelve a salir a
la luz del día en forma de «enfermedades» y, a la postre,
afecta tanto a la comunidad social en esta forma pervertida como en
su forma original. Por ello, las clínicas son los modernos campos de
batalla de nuestra sociedad. Aquí la agresividad reprimida libra una
lucha sin cuartel contra sus poseedores. Aquí las personas sufren
los efectos de sus propias maldades que durante toda su vida no se
atrevieron a descubrir en sí mismas y a modificar conscientemente.
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