La enfermedad como camino
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XV. EL SIDA
Desde la
publicación de este libro, en el año 1983, un nuevo síntoma ha
surgido con ímpetu situándose en el centro del interés público y
probablemente —a juzgar por los indicios— permanecerá de actualidad
durante mucho tiempo. Cuatro iniciales simbolizan la nueva plaga:
SIDA, Síndrome de Inmuno–Deficiencia Adquirida. El causante
material es el virus HTLV-III/LAV, un agente minúsculo muy sensible
que sólo puede vivir en un medio muy específico, por lo cual, para
la transmisión de este virus, tienen que pasar al sistema
circulatorio de otra persona células de sangre fresca o esperma.
Fuera del organismo humano, el agente muere.
Son
reserva natural del virus del SIDA ciertas especies de monos del
África Central (especialmente el macaco verde). Fue descubierto a
finales de los años setenta en un drogadicto de Nueva York. Por la
utilización común de agujas hipodérmicas, el virus se extendió
primeramente entre los toxicómanos y pasó después a los homosexuales
donde siguió extendiéndose por el contacto sexual. Actualmente,
entre los grupos de riesgo, los homosexuales ocupan el primer lugar,
debido a que la relación anal practicada preferentemente suele
producir pequeñas heridas de la sensible mucosa del intestino recto.
Ello permite a los espermas que contengan el virus pasar a la sangre
(la mucosa vaginal es más resistente a las heridas).
El SIDA
apareció en el momento en que los homosexuales habían mejorado y
legitimado considerablemente su status en América. Después se ha
sabido que en el África Central el SIDA no está menos extendido
entre los heterosexuales, pero en Europa y América los homosexuales
son la tierra de cultivo de la epidemia. Actualmente, la libertad
sexual está seriamente amenazada por el SIDA: unos lo lamentan y
otros ven en ello el justo castigo de Dios. Lo cierto es que el SIDA
se ha convertido en un problema de la colectividad: El SIDA no es
cosa de unos cuantos sino de todos. Por consiguiente, tanto a
nosotros como a la editorial nos pareció oportuno agregar al libro
este capítulo sobre el SIDA, en el que tratamos de esclarecer el
fondo de la sintomatología del SIDA.
Al
examinar los síntomas del SIDA llaman la atención cuatro puntos:
1.
El SIDA provoca la destrucción de las defensas del cuerpo, es decir,
que ataca la capacidad del cuerpo a aislarse y defenderse de los
agentes del exterior. Este daño irreparable causado a las defensas
inmunológicas expone a los enfermos del SIDA a las infecciones (y a
ciertos tipos de SIDA) que no son una amenaza para las personas con
las defensas intactas.
2.
Dado que el virus HTLV-III/LAV tiene un período de incubación
larguísimo (entre el momento de la infección y el de la
manifestación de los síntomas pueden transcurrir varios años), el
SIDA tiene un carácter inquietante. Si descontamos la posibilidad
del test (el test Elisa) uno no puede saber cuántas personas puede
haber infectadas por el SIDA, ni si lo está uno. Por lo tanto el
SIDA es un adversario invisible, muy difícil de combatir.
3.
Puesto que el SIDA sólo puede contraerse por contagio a través de la
sangre y el semen, no se trata de un problema personal y particular,
sino que revela con elocuencia nuestra dependencia de los demás.
4.
Finalmente, en el SIDA la sexualidad es factor primordial ya que es
prácticamente la única vía de contagio, aparte de las otras dos
posibilidades —utilización de agujas de inyección usadas y
transfusión de sangre afectada— relativamente fáciles de eliminar.
Con ello, el SIDA ha alcanzado categoría de «enfermedad de
transmisión sexual» y la sexualidad tiene connotaciones angustiosas.
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