La enfermedad como camino
XIII.
SÍNTOMAS PSÍQUICOS
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También
la psicosis da sinceridad, ya que recupera todo lo perdido hasta el
momento de una forma tan intensa y absoluta que infunde temor en el
entorno. Es el desesperado intento por devolver el equilibrio a la
unilateralidad; intento, desde luego, que se expone a reducirse a
una alternancia pendular entre uno y otro extremo. Esta dificultad
por encontrar el punto medio, el equilibrio, se aprecia claramente
en el síndrome maníaco–depresivo. En la psicosis, el ser humano vive
su propia sombra. El loco nos abre una puerta al infierno de la
mente que está en todos nosotros. Las frenéticas tentativas por
combatir y ahogar este síntoma, provocadas por el miedo, son
comprensibles pero poco aptas para resolver el problema. El
principio de represión de la sombra provoca precisamente la violenta
explosión de la sombra; tratar de reprimirla aplaza el problema,
pero no lo resuelve.
El
primer paso en la dirección correcta será también aquí el
reconocimiento de que el síntoma tiene su sentido y su
justificación. Partiendo de esta base, uno puede plantearse la
manera de atender con eficacia la sana indicación que nos hace el
síntoma.
Por lo
que respecta al tema de los síntomas psicóticos, deben bastarnos
estas observaciones. Las interpretaciones profundas son escasamente
provechosas, ya que el psicótico no aporta ninguna base para una
interpretación. Su miedo a la sombra es tan grande que casi siempre
la proyecta enteramente hacia fuera. El observador interesado no
tendrá dificultad para hallar la explicación si no pierde de vista
las dos reglas que se comentan repetidamente en este libro:
1.
Todo lo que el paciente experimenta en el mundo exterior son
proyecciones de su sombra (voces, ataques, persecuciones, hipnosis,
ansias asesinas, etc.).
2.
El comportamiento psíquico en sí es la realización de una de las
sombras no asumida.
Los
síntomas psíquicos, a fin de cuentas, no se prestan a una
interpretación, ya que expresan directamente el problema y no
necesitan otro plano en el que plasmarse. Por ello, todo lo que uno
pueda decir sobre la problemática de los síntomas psíquicos
enseguida suena trivial, ya que falta el paso de la traducción. De
todos modos, en este capítulo nos referiremos, por vía de ejemplo, a
tres síntomas muy difundidos y relacionados con el campo psíquico:
la depresión, el insomnio y la adicción.
La depresión
La
depresión es un concepto compuesto por un cuadro de síntomas que
abarcan desde el abatimiento y la inhibición hasta la llamada
depresión endógena con apatía total. La depresión va acompañada de
la total paralización de la actividad, la melancolía y de una serie
de síntomas corporales como cansancio, trastornos del sueño,
inapetencia, estreñimiento, dolor de cabeza, taquicardia, dolor de
espalda, trastornos menstruales en la mujer y baja del tono
corporal. El depresivo sufre sentimiento de culpabilidad y
continuamente se hace reproches, trata de hacerse perdonar. Cabe
preguntar qué es lo que en realidad deprime al depresivo. En
respuesta hallamos tres temas:
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