La enfermedad como camino
XII. LOS
ACCIDENTES
Índice
Página 118
La idea de que los accidentes son provocados inconscientemente
no es nueva. Freud, en su Psicopatología de la vida diaria, además
de fallos como defectos de pronunciación, olvidos, extravío de
objetos, etc., cita también los accidentes como fruto de un
propósito inconsciente. Posteriormente, la investigación
psicosomática ha demostrado estadísticamente la existencia de la
llamada «propensión al accidente». Se trata de una personalidad que
se inclina a afrontar sus conflictos en forma de accidente. Ya en
1926 el psicólogo alemán K. Marbe, en su Psicología práctica de los
accidentes y siniestros industriales, observa que el individuo que
ya ha sufrido un accidente tiene más probabilidades de sufrir otros
accidentes que el que nunca los tuvo.
En la
obra fundamental de Alexander sobre la medicina psicosomática,
publicado en 1950, encontramos las siguientes observaciones sobre el
tema: «En la investigación de los accidentes de automóvil en
Connecticut se descubrió que en un período de seis años, de un
pequeño grupo de sólo 3,9% de todos los automovilistas implicados en
accidente habían sufrido el 36,4% de todos los accidentes. Una gran
empresa que emplea a numerosos conductores de camiones, alarmada por
los altos costes de los accidentes, mandó investigar las causas.
Entre otros posibles factores, se examinó el historial de cada
conductor y aquellos que habían sufrido mayor número de accidentes
fueron destinados a otros trabajos. Con esta sencilla medida pudo
reducirse en una quinta parte la cifra de los siniestros. Es
interesante observar que los conductores apartados de la carretera
siguieron mostrando su propensión en el nuevo puesto de trabajo.
Ello indica irrefutablemente que la propensión al accidente existe y
que estas personas conservan esta propiedad en todas las actividades
de la vida diaria» (Alexander, Medicina Psicosomática).
Alexander deduce que «en la mayoría de los accidentes, existe un
elemento de deliberación, si bien casi siempre es inconsciente. En
otras palabras, la mayoría de los accidentes están provocados
inconscientemente». Esta mirada a la vieja literatura
psicoanalítica nos indica, entre otras cosas, que nuestra forma de
contemplar los accidentes no tiene nada de nueva y lo mucho que se
tarda en conseguir que cierta evidencia (desagradable) llegue a
penetrar (si es que llega) en la conciencia colectiva.
En
nuestro examen nos interesa no tanto la descripción de una
determinada personalidad propensa al accidente como, ante todo, el
significado de un accidente que ocurre en nuestra vida. Aunque una
persona no posea una personalidad propensa al accidente, éste
siempre tiene un mensaje para ella, y deseamos aprender a
descifrarlo. Si en la vida de un individuo abundan los accidentes,
ello sólo quiere decir que esta persona no ha resuelto
conscientemente sus problemas y, por lo tanto, está escalando las
etapas del aprendizaje forzoso. Que una persona determinada realice
sus rectificaciones de un modo primario por los accidentes obedece
al llamado «locus minoris resistentiae» de las otras
personas. Un accidente cuestiona violentamente una manera de actuar
o el camino emprendido por una persona. Es una pausa en la vida que
hay que investigar. Para ello hay que contemplar todo el proceso del
accidente como una obra teatral y tratar de comprender la estructura
exacta de la acción y referirla a la propia situación. Un accidente
es la caricatura de la propia problemática, y es tan certero y tan
doloroso como toda caricatura.
Página siguiente