La enfermedad como camino
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XII. LOS
ACCIDENTES
Muchas
personas se sorprenden de que se catalogue los accidentes como
cualquier otra enfermedad. Piensan que los accidentes son algo
completamente distinto: al fin y al cabo, vienen de fuera, por lo
que mal puede uno tener la culpa. Esta argumentación denota la
confusión de nuestro pensamiento en general, y en qué medida nuestra
manera de pensar y nuestras teorías se amoldan a nuestros deseos
inconscientes. A todos nos resulta extraordinariamente desagradable
asumir la plena responsabilidad de nuestra existencia y de todo lo
que nos ocurre. Constantemente buscamos la manera de proyectar la
culpa hacia el exterior. Y nos irrita que se nos desenmascaren estas
proyecciones. La mayoría de los esfuerzos científicos están
dirigidos a consolidar y legalizar con teorías estas proyecciones.
«Humanamente» hablando, ello es perfectamente comprensible. Pero
dado que este libro ha sido escrito para personas que buscan la
verdad y que saben que este objetivo sólo puede alcanzarse por la
vía de la sinceridad con uno mismo, no podemos pasar por alto
cobardemente un tema como el de los «accidentes».
Tenemos
que comprender que siempre hay algo que aparentemente nos viene de
fuera y que nosotros siempre podemos interpretar como causa. Ahora
bien, esta interpretación causal no es sino una posibilidad de ver
las cosas y en este libro nos hemos propuesto sustituir o, en su
caso, completar esta visión habitual. Cuando nos miramos al espejo,
nuestro reflejo, aparentemente, también nos mira desde fuera y, no
obstante, no es la causa de nuestro aspecto. En el resfriado, son
miasmas que nos vienen de fuera y en ellos vemos la causa. En el
accidente de circulación es el automovilista borracho que nos ha
arrebatado la preferencia de paso la causa del accidente. En el
plano funcional siempre hay una explicación. Pero ello no nos impide
interpretar lo sucedido con una óptica trascendente.
La ley
de la resonancia determina que nosotros nunca podamos entrar en
contacto con algo con lo que no tenemos nada que ver. Las relaciones
funcionales son el medio material necesario para que se produzca una
manifestación en el plano corporal. Para pintar un cuadro
necesitamos un lienzo y colores; pero ellos no son la causa del
cuadro sino únicamente los medios materiales con ayuda de los cuales
el pintor plasma su cuadro interior. Sería una tontería refutar el
mensaje del cuadro con el argumento de que el color, el lienzo y los
pinceles son sus causas verdaderas.
Nosotros
no buscamos los accidentes, del mismo modo que no buscamos las
«enfermedades» y nada nos hace desistir de utilizar cualquier
cosa como «causa». Sin embargo, de todo lo que nos pasa en la vida
los responsables somos nosotros. No hay excepciones, por lo que vale
más dejar de buscarlas. Cuando una persona sufre, sufre sólo a sus
propias manos (¡lo cual no presupone que no sea grande el
sufrimiento!). Cada cual es agente y paciente en una sola persona.
Mientras el ser humano no descubra en sí a ambos no estará sano. Por
la intensidad con que las personas denostan al «agente externo»,
podemos ver en qué medida se desconocen. Les falta esa visión que
permite ver la unidad de las cosas.
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