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Autora: Ana Muñoz

La personalidad es la forma particular y relativamente estable como una persona expresa sus sentimientos, pensamientos y comportamiento.

En el desarrollo de la personalidad influye tanto la herencia como el ambiente.

El desarrollo de la confianza

Los bebés dependen de otras personas para que cuiden de ellos y satisfagan sus necesidades, como alimento y protección. Son las experiencias iniciales de los niños las que les enseñan a confiar en que sus necesidades van a ser satisfechas.

Desde la infancia hasta los 18 meses tiene lugar la etapa del desarrollo que el psicólogo Erik Erikson llamó confianza básica frente a desconfianza básica. En estos meses, los bebés aprenden en qué personas u objetos de su mundo pueden confiar. Necesitan alcanzar un equilibro adecuado entre confianza (que les permite tener relaciones íntimas con los demás) y desconfianza (que les sirve para protegerse).

En un desarrollo normal predominará la confianza, que les permitirá desarrollar la creencia de que pueden satisfacer sus necesidades y alcanzar sus deseos. Si predomina la desconfianza, los niños verán el mundo como un lugar amenazante e impredecible y tendrán problemas para relacionarse.

Para ayudar a los niños a desarrollar la confianza es importante que la madre (o persona que cuida del niño) le brinde un cuidado sensible, atento y continuo.

El desarrollo de la autorregulación y la autonomía

La autorregulación es el control sobre el propio comportamiento para ajustarse a las expectativas sociales. Los padres les dicen a los niños lo que pueden o no pueden hacer. Conforme los niños van absorbiendo esta información empiezan a regular su propio comportamiento, pasando del control externo hacia el control interno o autorregulación.

Erikson llamó a esta etapa autonomía frente a vergüenza y duda. Si se han desarrollado de forma ideal, los niños han pasado por la primera etapa con un sentido de confianza básica en el mundo y un despertar del sentido de sí mismos. Esto les permite empezar a confiar en su propio discernimiento. En esta etapa surge una voluntad firme y no es raro que la palabra favorita de los niños en sea ¡No! como un modo de probar los límites y desarrollar su autonomía. Por este motivo, a este nuevo comportamiento se le llama a veces negativismo.

La vergüenza y la duda también influyen en el modo en que los niños aprenden a controlarse. Un poco de duda y autodesconfianza les ayuda a admitir que no están preparados para hacer ciertas cosas, y un sentido de vergüenza les ayuda a convivir con los demás. Los niños en la etapa de los primeros pasos necesitan que los adultos les pongan límites. Sin embargo, muchos o demasiados límites pueden hacer que los niños se vuelvan compulsivos para controlarse, y el miedo a perder el control puede llenarlos de inhibiciones y hacer que pierdan su autoestima.

Conforme los niños se van volviendo más capaces de hacer entender sus deseos, se van volviendo también más independientes. Alrededor de los dos años se manifiesta su necesidad de autonomía. A esta edad surge una voluntad más fuerte y pueden ser obstinados, lo cual es completamente normal. Los niños necesitan poner a prueba el nuevo conocimiento de que son seres individuales con algo de control sobre su mundo, pues esto es importante para su normal desarrollo.

Ya no se sienten cómodos cuando los demás deciden en todo momento lo que deben hacer y quieren guiarse por sus propias ideas y buscar sus propias preferencias. A menudo esto es interpretado como un comportamiento negativo, por su tendencia a decir no y a resistirse a la autoridad, pero es un comportamiento saludable y normal, que conducirá a resultados positivos.

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