Las circunstancias de la vida
No solamente hay que tener
en cuenta las interpretaciones que cada persona haga de la realidad
sino también cuál es esa realidad en sí misma, ya que a veces no
basta con aprender a interpretar las situaciones de forma más
realista, sino que, además, es necesario hacer ciertos cambios en la
vida. La terapia puede ayudarles a determinar qué es lo que realmente
desean y a sentirse capaces de llevar adelante esos cambios,
combatiendo pensamientos como "no seré capaz", "es
demasiado tarde", "qué pensarán de mí" o cualquier
otro tipo de pensamiento que esté coartando su propia libertad y
capacidad para ser feliz.
La terapia
Consiste en identificar esas
creencias y esquemas cognitivos inapropiados y cambiarlos por otros más
realistas y adaptativos, tal y como hemos explicado en el apartado
sobre Terapia Racional Emotiva. Muchos de
estos esquemas se basan en reglas familiares y sociales. Por ejemplo,
si un padre o madre le dice a su hijo: "sé bueno o no te querré",
el niño llegará a desarrollar el esquema: "mi valía depende de
lo que otras personas piensen de mí". De este modo, puede
convertirse en un adulto que trata de gustar siempre a todo el mundo,
que evita todo tipo de discusión y que jamás dice a los demás algo
que pueda molestarles, aunque sea para hacer valer sus derechos. Pero
es muy probable que esta persona no sea plenamente consciente de que
esas ideas pasan por su mente cada vez que se relaciona con alguien.
Para darse cuenta de estos pensamientos es necesario observarse a uno
mismo y estar dispuesto a descubrirlas, aunque pueda no gustarnos lo
que veamos. El primer requisito, por tanto, para una psicoterapia es
estar dispuesto a adentrarse en uno mismo, aceptar que no somos seres
perfectos y que es posible que estemos teniendo creencias erróneas
respecto a los demás, al mundo y a nosotros mismos.