Trastornos en el
control de los impulsos y adicciones
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¿Qué es lo que suelen pensar las
personas con dificultades para controlar sus impulsos?
Generalmente, estas personas
tienen lo que se denomina baja tolerancia a la frustración. Es decir,
no soportan la privación, demora o frustración en la consecución de
sus deseos. Las características de su pensamiento son:
- Creer que uno tiene la obligación de obtener todo lo
que quiere o exigir que se satisfagan sus deseos a toda
costa. (Por ejemplo, "Si necesito fumar tengo que hacerlo
ya").
- Creer que es necesario que las circunstancias no
sean difíciles y que la vida tiene que ser fácil. (Por ejemplo:
"Aunque quiera dejar de fumar no lo hago porque es demasiado difícil").
- Creer que cualquier dificultad, demora o inhibición es demasiado
horrible para soportarla. (Por ejemplo, "No puedo estar sin
fumar; es insoportable".
Es decir, estar personas
creen que tienen que tener todo lo que quieren cuando lo desean y que
es insoportable si no lo consiguen. A veces, esta forma de pensar
aparece sólo en una o dos situaciones o conductas determinadas, pero
estas personas son capaces de tolerar la frustración en otras áreas
de sus vidas. Otras veces, en cambio, se trata de un modo de ser más
general que se extiende a muchos comportamientos y facetas de sus
vidas. No "soportan" que se frustren sus deseos nunca;
cualquier dificultad, incomodidad o tarea desagradable que tengan que
hacer es vista como insoportable y como algo que ellos no tienen por
qué hacer si no les resulta fácil, cómodo o agradable. Pero dado
que la vida está llena de frustraciones y tareas desagradables por
hacer, estos individuos están constantemente frustrados, malhumorados
o deprimidos.
Al pensar que tienen que
obtener todo cuanto desean sin demora alguna, se dejan llevar por sus
impulsos. Si desean algo, lo cogen, actuando como si sus deseos fuesen
necesidades orgánicas que exigieran ser satisfechas y el mundo
estuviese allí para satisfacerlos. Pero lo cierto es que hasta las
verdaderas necesidades fisiológicas pueden ser controladas
voluntariamente, como hemos visto en el anterior ejemplo de alguien
que siente hambre y es capaz de posponer ese impulso.
De este modo, nos
encontramos con mujeres embarazadas que no "pueden" dejar de
fumar o beber, compradores o jugadores compulsivos medio arruinados,
pedófilos y violadores, pirómanos, adictos de todo tipo o
simplemente personas que viven continuamente frustradas porque tienen
que hacer "demasiadas cosas desagradables".
Por el contrario, las
personas que controlan sus impulsos actúan como intermediarios entre
dichos impulsos y las limitaciones de la realidad, las costumbres, los
deseos de los demás, las prohibiciones, las leyes, etc., y saben
resistirse a sus impulsos o demorar la consecución de aquello que
quieren. Si sus deseos no son satisfechos sienten pena o se molestan
pero no llegan a sentirse excesivamente perturbados (ansiosos,
deprimidos, agresivos, etc.).
El primer
paso, por tanto, consiste en identificar estos pensamientos automáticos y preconscientes, hacerse totalmente consciente de ellos y cambiarlos
por otros más racionales y adaptativos que guíen la conducta de
estas personas de manera más apropiada. Para ello puede utilizarse la
Terapia
Racional Emotiva.