Definición
Las personas que tienen
dificultades para controlar sus impulsos se ven incapaces de dejar de
hacer algo que desean hacer, aunque sepan que no deben hacerlo o
resulte perjudicial para sí mismos o los demás.
En las adicciones (alcohol,
drogas, tabaco, juego, etc.) el adicto se siente impulsado a beber,
fumar, jugar, comer, etc. sin ser capaz de encontrar el modo de dejar
de hacerlo.
De acuerdo con lo que hemos
comentado en el apartado de Terapia Racional
Emotiva, para saber por qué estas personas no son capaces de
"resistirse" tenemos que observar qué está pasando por su mente en ese
momento y qué se están diciendo a sí mismos, ya que son los pensamientos los
que regulan la conducta. Por ejemplo, antes de abrir la puerta de casa y
salir a la calle, hemos pensado algo parecido a "me apetece salir a dar una
vuelta" o "voy a la tienda de la esquina". Sin embargo, sucede a menudo que
las personas tienen la sensación de que no han pensado nada. Simplemente
dicen tener la "necesidad" de fumarse un cigarro o beberse un vaso de vino.
Esto es debido a que este tipo de pensamientos aparecen de forma rápida y
automática, pudiendo conformar patrones de pensamiento aprendidos en la
infancia. Es decir, forman parte del modo particular que tiene cada persona
de ver el mundo.
A veces, pueden sugerir como respuesta a una necesidad fisiológica. Por
ejemplo, si alguien tiene la sensación de hambre, lo primero que
piensa es "tengo hambre". Después evalúa lo que eso
significa y toma una decisión respecto a cómo actuar. En función de
cuál haya sido esta decisión actuará de un modo u otro. Es decir,
si piensa "voy a comer ahora mismo" irá derecho a la
nevera. Si piensa "voy a esperar hasta la hora de cenar; puedo
aguantar el hambre perfectamente", su conducta será muy
diferente. Y si piensa "necesito comer algo ahora mismo y no
puedo soportar no hacerlo", y además lo piensa muy a menudo, es
muy probable que sea un comedor compulsivo a quien le resulta casi
imposible esperar para comer a sus horas.