Alcanza tus metas
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Veamos con más detalle estos
enemigos interiores
Los enemigos interiores te impiden
alcanzar tus metas. Entre ellos se encuentran los siguientes:
La indiferencia. Si no tienes
metas, si todo te da lo mismo, si te dejas llevar por los demás,
entonces no llegarás a ninguna parte o seguramente llegues a un
lugar que te resulte insatisfactorio y te haga desgraciado. No seas
indiferente.
La indecisión. Si no te decides a
subir al tren, el tren se marcha y lo pierdes. La indecisión te hace
perder oportunidades. Es preferible subirse al tren equivocado
(siempre puedes bajarte en la próxima estación y volver al punto de
partida) que perderlo por no ser capaz de decidirte.
La duda. A veces la gente duda de
todo. Duda de que se den las condiciones necesarias para lograr sus
objetivos, duda de su suerte, duda de su capacidad, duda de los
demás, del destino, del futuro, de las oportunidades... La duda es
destructiva; líbrate de la duda y cultiva el optimismo. Es cierto
que no hay que ver la vida como un cuento de hadas, pero tampoco la
veas como una tragedia.
La preocupación. Todos tenemos
preocupaciones y no es malo preocuparse por algo... ¡en su justa
medida! La preocupación te dice que hay algo a lo que debes prestar
atención, algo sobre lo que has de trabajar o buscar soluciones.
Pero nada más. Una vez que le has prestado atención, has pensado
soluciones, sabes lo que puedes hacer y lo que no, y lo has hecho,
si ha sido posible, deja de preocuparte. No dejes que la
preocupación te acorrale y arrincone; no dejes que te llene de estrés
y mine tu salud. Haz tuya la siguiente norma: "Preocúpate sólo
cuando preocuparte sirva para algo". Cuando preocuparse no sirva
para nada, sé optimista. Así, si tu negocio se hunde a pesar de tus
esfuerzos por evitarlo, habrás perdido el negocio, pero seguirás
conservando tu salud física y mental y la fuerza para emprender otra
cosa. Nada es una tragedia si tú no quieres que lo sea.
La precaución excesiva. Si eres
demasiado cauto tendrás miedo de hacer muchas cosas. No pedirás una
promoción en tu empresa por miedo a un no; no emprenderás tu propio
negocio por miedo al fracaso; no invertirás tu dinero por miedo a
perderlo; no arriesgarás nada, ni material ni psicológico, y nada
podrás ganar. Si quieres lograr algo deberás arriesgarte en más de
una ocasión. ¡Arriésgate ahora!
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