
Psico-consejos. Preguntas y respuestas
Siento una necesidad
imperiosa de limpiar si entran en mi casa con zapatos
Consulta:
Tengo la costumbre de quitarme los zapatos nada más entrar
en casa, lo hago por razones de higiene. Mi hija y mi marido
también lo hacen sin problema pero lo que podría ser un
hábito sin más, en mi caso es un problema porque veo que no
es una costumbre instaurada y lo veo más como manía que como
habito. Me angustia pensar que en mi casa no puede entrar
nadie con zapatos porque detrás de que se marche yo necesito
limpiar lo que esa persona haya pisado.
Incluso viendo la tele o leyendo un libro no hago mas que
corroborar que la gente entra y sale de su casa con zapatos
sin ningún problema y yo sería incapaz de hacerlo.
Me gustaría ver mi costumbre como algo natural de lo que no
tengo que avergonzarme e incluso no sentir esa necesidad
imperiosa de pasar una bayeta por el suelo si alguien entra
en mi casa con zapatos, pero por otro lado veo la suciedad
de la calle y pienso que lo que hacemos en casa debería ser
lo habitual en todas las casas.
No se si esto es una obsesión, pero realmente no me siento
bien sin poder dejar de pensar en ello.
Respuesta:
Lo que piensas respecto a que sería mejor que todo el mundo
se quitara los zapatos es una opinión personal que tienes
derecho a tener y, por tanto, no es discutible, ya que cada
persona tiene derecho a tener sus propias opiniones. Lo que
sí puedes discutir (preferiblemente contigo misma) es si
mantener esa opinión o creencia te está beneficiando o si
sería más beneficioso para ti modificarla, de modo que
pudieras estar más tranquila y sentirte menos ansiosa cada
vez que alguien entrara con zapatos. Después trata de
analizar qué temes exactamente. Por ejemplo, lo habitual en
casos como el tuyo es que la persona tenga miedo a los
gérmenes que pueden estar en la suciedad de la suela de los
zapatos y que esos gérmenes transmitan enfermedades y pongan
en peligro a su familia. Si ese es tu caso, puedes comenzar
por plantearte estas preguntas y responderlas por escrito:
- ¿Qué es lo peor que podría suceder?
- ¿Qué probabilidades existen de que suceda lo peor?
- Además de lo peor, ¿qué otras cosas intermedias podrían
suceder que no fuesen tan graves? ¿Con qué probabilidad?
- Suponiendo que suceda lo que temes (por ejemplo, el
contagio de una enfermedad) ¿supondría necesariamente una
tragedia o es posible encontrar soluciones y resolver el
problema sin consecuencias? ¿Podrías soportarla igual que
soportas otras dificultades de la vida diaria y seguir
adelante?
Con estas preguntas y otras similares lo que haces es
analizar la exactitud de tus creencias y tratar de
ajustarlas más a la realidad. Ten en cuenta que el hecho de
que algo sea probable, no significa que vaya a suceder.
Probable sólo significa que hay una probabilidad (que puede
ser incluso de una entre un millón, por ejemplo). Si te
pones a pensar en todas las cosas horribles que podrían
suceder entonces no podrías dar un sólo paso ni hacer nada
en absoluto (podría haber un terremoto, un incendio en tu
casa, quedarte sin trabajo, un atraco, que te atropelle un
coche... y así podríamos llenar páginas enteras). Por tanto,
lo que hacemos es utilizar un pensamiento más científico y
decir: "dado que tal cosa es poco probable, no me voy a
preocupar excesivamente; o dado que tal cosa es bastante
probable, voy a evitar hacerlo; o dado que tal cosa tiene
algunas probabilidades de suceder, voy a hacerlo, pero con
precauciones".
Del mismo modo, evaluamos las consecuencias de que suceda lo
que tememos. Por ejemplo, si alguien llega a contraer una
enfermedad, analizamos la probabilidad de que esa enfermedad
sea grave. Si llegamos a la conclusión de que lo más
probable es que no suponga un problema especial (como un
resfriado), entonces nos preocupamos menos. Es decir, no
utilices un pensamiento de todo o nada ni confundas la
probabilidad con la certeza, porque entonces te comportarás
(y de hecho lo estás haciendo) como si la probabilidad de
contagio fuese del 100%, lo cual te perjudica, te lleva a
tener un comportamiento rígido y no necesariamente evita lo
que temes, dado que el contagio puede provenir de tantas
fuentes que es imposible controlarlas todas.
Resumiendo, cada vez que te pongas a pensar todas las cosas
horribles que podrían pasar cuando alguien entre en tu casa
con zapatos, intenta analizar esos pensamiento como haría un
científico y actuar en base a dichas conclusiones: "si algo
es poco probable y si, en caso de que suceda, es también
poco probable que sus consecuencias sean graves, entonces no
me tengo que preocupar excesivamente, sino sólo un poco". No
es lo mismo estar obsesionada (y, por tanto angustiada)
pensando en horribles catástrofes, que estar sólo un poco
preocupada. Por tanto, trata de convertir tu obsesión en
preocupación leve, de modo que tu comportamiento sea también
más flexible.