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No suelen mirar al interior
de sí mismos y sus recuerdos suelen girar en torno al
trabajo y logros, mostrando desinterés por otros datos de sí
mismos o su pasado. Suelen estar bastante desconectados de
su vida interior.
No son capaces de delegar responsabilidades o tareas en
otras personas. Para ellos lo ideal es hacerlo todo ellos
mismos.
Son propensos a la ira y la hostilidad, consideran que ellos
tienen todas las soluciones y que las cosas funcionan mal
porque no se les consulta a ellos, no tienen en cuenta las
opiniones de los demás y tienden a ocultar sus propias
deficiencias culpando o descalificando a otras personas.
Para ellos, cualquier muestra de debilidad puede ser fatal.
Son personas agresivas, con estallidos de descontrol
emocional. Son muy sensibles al medio y la mínima
provocación puede hacerles estallar con violencia exagerada
e injustificada. Esta agresividad no se da necesariamente en
forma de violencia física (aunque puede suceder), sino que
puede expresarse por medio de otras conductas como
desvirtuar logros ajenos, disminuir el valor del trabajo de
los demás, desacreditar sus ideas, negarles atención o
ayuda, etc.
Otra característica típica de estas personas es su afán de
protagonismo, que puede resumirse en tres puntos:
-
Llamar la atención sobre su situación social privilegiada
-
Exagerar la propia importancia
-
Hacer afirmaciones arrogantes
Relación entre ira-hostilidad y enfermedad cardiaca
Numeroso estudios muestran
cómo la ira y la hostilidad son factores importantes que
contribuyen a padecer trastornos de las arterias coronarias.
Las personas que sienten ira pero son incapaces de
expresarla de un modo adecuado y la reprimen, tienen una
mayor probabilidad de tener trastornos coronarios. Un
estudio realizado por Barefoot, Dahlstrom y Williams para
medir la hostilidad mostró que las personas que puntuaban
por encima de la media en la escala de hostilidad tenían un
promedio de mortalidad 6,4 veces más alto que los que
puntuaron por debajo de la media. Es decir, tanto la ira
reprimida como la hostilidad abierta, afectan negativamente
a la salud, produciendo un mayor riesgo de enfermedad
coronaria e hipertensión.
Las personas hostiles tienen episodios de ira con más
frecuencia y se encuentran más a menudo en estado de
vigilancia ante un medio que consideran amenazante u hostil.
Esto da lugar a una serie de respuestas cardiovasculares y
neuroendocrinas que contribuyen al desarrollo de la
enfermedad.
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