La ruptura de una relación y el despecho
Autora: Alejandra
Palacios Banchero, Psicóloga
alepsicon@yahoo.com
Se acabó… ¿Ahora qué…?
Todos hemos sentido en algún momento que hemos encontrado “nuestra
media naranja”, el "amor de nuestra vida" y hemos deseado que la
relación con esa persona que sentimos tan especial, dure también
para siempre. Pero la experiencia y las estadísticas demuestran que
el amor eterno es más una excepción que una regla.
A lo largo de nuestras vidas tendremos que enfrentarnos con alguna
que otra crisis sentimental y siempre ayuda saber que no somos los
únicos y que es normal pasarlo mal en esta situación.
Cuando una relación se acaba, por mucho que nos empeñemos en
disimular nuestros sentimientos, el dolor que nos produce la herida,
a cualquier edad, puede ser una de las experiencias más duras, más
difíciles que podamos pasar.
Tristeza, apatía, cambios de comportamiento, frustración, culpa,
rencor. Todos tenemos ciertos sentimientos y emociones relacionados
con la ruptura. Sería preocupante no tenerlos. Son vivencias de
desamor o shock sentimental que la gente suele llamar despecho.
El despecho es inevitable. Su intensidad y duración pueden variar de
acuerdo a la duración del vínculo, las causas que provocaron el
alejamiento, el apego de cada uno y las consecuencias de la ruptura
y de la forma en que se percibe y se vive el fin de la relación.
Al inicio, la crisis es la más grave, porque no se han desarrollado
todavía los mecanismos necesarios para hacer frente a la situación.
Aunque hay diferencias individuales, al comienzo son las emociones
las que nos dominan y vivimos la ruptura con gran tristeza y culpa.
Luego sentimos rencor y es al “otro” al que vemos culpable.
Culparnos o culpar al otro son dos estados que pueden irse
alternando mientras no vemos la realidad tal como es.
Si en medio de la adversidad
persevera el corazón con serenidad,
con gozo y con paz,
esto es amor.
Sta. Teresa de Jesús
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