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Compartir la responsabilidad en los conflictos
Toda pareja, al estar
conformada por dos personas, implica la responsabilidad
compartida en los problemas o conflictos que ambos generan.
En el proceso de resolver diferencias entre la pareja,
resulta indispensable que cada individuo tome consciencia,
desde una perspectiva sistémica, de su responsabilidad sobre
lo que está sucediendo, en vez de querer “tener la razón” o
buscar la responsabilidad del otro. Claro está que para que
esta estrategia funcione, ambos tienen que asumir su
responsabilidad, ya que si es una sola persona la que asume
su responsabilidad, se corre el riesgo de establecer un
vínculo desigual por parte de quien no la asume.
En este proceso, donde las discusiones son frecuentes, es
recomendable hacerse constantemente las siguientes
preguntas:
1. ¿Cuál es mi responsabilidad en esta situación?
2.¿Qué pude haber hecho diferente para que esto no
sucediera?
3. ¿Qué puedo hacer ahora para evitar que el problema
continúe?
Estas tres preguntas facilitan la toma de consciencia acerca
de la responsabilidad personal en el problema, permitiendo
asumirla y reactivando inmediatamente el proceso de
comunicación efectiva, mientras que se diluye el efecto
negativo de la comunicación defensiva generada al “acusar” o
“culpar” al otro de la responsabilidad que tiene en el
problema. Cada vez que le atribuimos la responsabilidad de
una situación a otra persona, la reacción inicial de esa
persona va ser defenderse, y en la defensa no hay encuentro
sino alejamiento.
Es cierto que resulta más fácil encontrar “culpables” a nuestros problemas, pero mientras no seamos conscientes de que nuestras acciones constituyen un todo sistémico que influye el contexto de pareja y lo asumamos como tal, será difícil aprender a vivir en pareja de manera armónica.
Vivir en pareja se asemeja a la experiencia de ser padre o madre en el sentido de que sólo se aprende a vivir en pareja haciéndolo. No obstante, eso no excluye la posibilidad de formular estrategias que faciliten ese proceso. En este sentido, si cada miembro asume su “responsabilidad” y se dispone al cambio, en vez de esperar que cambie su pareja, la posibilidad de mejorar la relación aumenta automáticamente.
El amor es necesario – pero no suficiente – para mantener una pareja. Hace falta consciencia acerca de la responsabilidad personal de cada individuo que conforma la relación, tomando en cuenta las limitaciones y potencialidades de cada cual y manteniendo una disposición constante y honesta para la comunicación efectiva y la búsqueda de acuerdos.
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