La responsabilidad en las relaciones de pareja
Autor: Andres Almandoz
Redneris, psicoterapeuta, Licenciado en Educación, andresalmandoz@gmail.com
Como psicoterapeuta se presentan a
menudo parejas a mi consulta con serias intenciones de mejorar su
relación y la comunicación entre ambos miembros. Generalmente, la
pareja está cargada de problemas y conflictos irresueltos que vienen
remetiéndose por un largo periodo de tiempo y cada día empeoran más.
Cada uno tiene su percepción particular de los problemas y su punto
de vista personal acerca de las causas y “culpables”. Después de que
cada uno explica su visión de la problemática existente, sintiendo
que tiene la razón y que es su pareja la que está equivocada y la
que tiene que cambiar, esperan que el psicoterapeuta tome una
posición acerca de quien es el “culpable” o causante de los
problemas en la relación. Dentro de sus posibilidades y
limitaciones, cada uno cree estar haciendo y dando lo mejor de si
mismo en la relación, y no dudo que en realidad sea así. No es mi
función como facilitador de procesos de cambio la de constituirme en
juez y decidir quien es el “culpable”. Por el contrario, para
generar cambios duraderos y efectivos, mi función es la de sugerir
estrategias que permitan a estas dos personas, comprometidas con su
relación, encontrar soluciones alternativas para resolver sus
diferencias y hacer más fluida su comunicación, en beneficio de una
relación de pareja más sana y armónica.
Sin embargo, la parte más difícil del proceso de crecimiento de
pareja se presenta cuando, buscando soluciones alternativas a las
dificultades presentes, cada individuo se da a la tarea de
conscientizar su responsabilidad en relación a los problemas
existentes. En este sentido, resulta muy común que cada miembro de
la pareja atribuya al otro la mayor parte, si no toda, la
responsabilidad sobre los problemas de pareja, llegando a veces a
convertirse en un círculo vicioso interminable que no soluciona sino
empeora la situación.
Formulaciones tales como “si ella hiciera esto”, “si él cambiara su
forma de ser“, “si él dejara de tomar“ o “si ella fuese más
cariñosa”, sólo demuestran lo fácil que resulta atribuirle al otro
la responsabilidad del problema. (Cabe resaltar que se usa la
palabra “responsabilidad” de forma deliberada a fin de no
confundirla con la “culpa”, la cual tiene connotaciones negativas
implícitas desde el punto de vista psicológico.)
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