¿Eres consciente de lo que pasa en tu interior?
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Es importante tener en cuenta que las
emociones o los pensamientos surgen muchas veces de manera
automática sin que podamos hacer nada por evitarlo. Es decir, tal
vez no podamos evitar que surjan de repente, pero, una vez que
surjan, sí podemos
manejarlas de un modo adecuado para expresarlas de la forma más
aceptable. Es decir, podemos sentir ira de repente, tras algún
acontecimiento, pero si la reconocemos y aceptamos que la hemos
sentido, podremos trabajar en ella, calmarnos y expresar nuestro
enfado de manera asertiva.
El miedo a la reacción de los demás
Algunas personas no aceptan sus
emociones porque piensan que no son el tipo de personas que sentirían
eso. Por ejemplo, la persona casada que considera inaceptable sentir
deseos de estar con otra persona y reprime esos deseos cuando
aparecen.
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Otras personas temen sobre todo las
reacciones de los demás. Temen mostrar la parte de sí mismas que
consideran inaceptable porque temen que otras personas las rechazarán. De
este modo, muestran siempre buena cara ante los demás, se muestran
amables, simpáticos, siempre de buen humor, y reprimen cualquier
emoción negativa que pudieran sentir. Esto les impide tratar de
manera adecuada cualquier problema que puedan tener con otras
personas. Por ejemplo, si la otra persona los trata de un modo
desconsiderado y se sienten mal es posible que no lo reconozcan, que
se pongan la máscara de persona que no se ve afectada por ese tipo
de cosas y se digan a sí mismos: "En realidad no me importa, es
libre de hacer lo que desee". Si creyera esto de verdad no habría
problema; pero el caso es que realmente no se lo cree, es una
mentira, un autoengaño, pues lo que de verdad piensa es que esa
persona le ha despreciado y maltratado y se siente dolido por ello,
pero no es capaz de reconocer que eso es precisamente lo que está
pensando porque se niega a ser el tipo de persona que piensa así,
desea ser esa persona perfecta que no se inmuta por "tonterías".
Lo
paradójico del asunto es que podría acercarse a ese ideal de persona
que desea ser si reconociera sus verdaderas emociones y reacciones y
trabajara para cambiarlas en vez de negarlas, pues negándolas no
hace que desaparezcan, sólo se pone una máscara, una careta que no
muestra quien es de verdad y de este modo no evoluciona ni crece
como persona. Es como si alguien que no sabe nadar se avergüenza
de ello y no lo reconoce ni ante sí mismo ni ante los demás. De este
modo jamás aprenderá a nadar, sólo será una persona que finge saber
nadar y que tendrá que pagar un precio por mantener esta mentira.