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¿Eres consciente de lo que pasa en tu
interior?
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Es normal que, en ocasiones,
las personas no quieran admitir o aceptar algo que están
sintiendo o pensando, algo que está sucediendo en su
interior y que consideran que es "incorrecto", que no
deberían sentirse así, que no son la clase de personas que
se sienten o piensan de ese modo.
Por tanto, cuando se descubren a sí mismos reaccionando de
un modo que consideran incorrecto o impropio del tipo de
personas que desean ser, tienden a reprimirlo, a sacarlo de
su conciencia negándolo no sólo ante los demás, sino también
ante ellos mismos.
Si esto sólo pasa ocasionalmente, o bien si la negación no
es tan fuerte como para impedir una posterior aceptación, no
tiene por qué causar demasiados problemas. Al final la
realidad se impone, aceptan lo que están sintiendo y, de
este modo, pueden trabajar sobre dichas emociones y
transformarlas de un modo sano y adecuado, aprendiendo y
creciendo en este proceso.
No obstante, hay personas que tienen una tendencia especial
a no aceptar lo negativo de sí mismas. Los motivos pueden
ser diversos. La mayoría de las personas quieren pensar de
sí mismas que son personas centradas, equilibradas, que
reaccionan con sensatez y con corrección, que son
políticamente correctas, etc. Esto no suele impedir, por lo
general, que reconozcan también sus defectos e
imperfecciones. Pero cuando esta tendencia a mostrarse
perfectos ante sí mismos y los demás es demasiado fuerte, la
tendencia a reprimir lo negativo de sí mismos será también
mucho más elevada.
Pueden temer no ser la persona perfecta que creen que
deberían ser, capaces de tomarse las cosas con calma, de ser
comprensivos y tolerantes, de ver el lado positivo de las
cosas, etc. Rosa jamás sentía ira. Esto habría estado muy
bien si su falta de ira se hubiese debido a que su forma de
reaccionar ante las molestias, los inconvenientes o los
abusos de los demás hubiese sido asertiva, aceptando aquello
que le ha molestado, exponiendo a los demás sus puntos de
vista, así como lo que considera aceptable e inaceptable y
haciendo valer sus derechos al tiempo que respeta los de los
demás. Pero no era esto lo que Rosa hacía. Ella sí sentía
ira, pero la negaba de inmediato, porque pensaba que las
personas que sienten o reaccionan con ira son malas personas
y que sentir ira es incorrecto y horrible. De modo que
cuando sentía este tipo de emociones, las negaba de
inmediato ante sí misma, se ponía una máscara de buen humor
y fingía ser una persona que en realidad no era. De este
modo, no estaba manejando correctamente sus emociones de
ira, no estaba trabajando en ellas ni se estaba dando la
oportunidad de aprender a ser esa persona que deseaba ser;
es decir, la persona que responde de un modo sereno y
asertivo ante los incidentes que, en principio, podrían
causar ira. Su problema principal era que no sabía como
manejar estas emociones de un modo adecuado ni tampoco se
permitía expresarlas de un modo inadecuado.
Por supuesto, todos podemos estar de acuerdo en que dejar
salir la ira libremente y destrozar los muebles de la
habitación o gritar e insultar a una persona de un modo del
que nos vamos a arrepentir, no es lo más deseable. Pero, aún
así, esto es preferible a negar lo que sentimos.
Al menos la persona que no sabe manejar correctamente su ira
pero la reconoce, la acepta y la deja salir inadecuadamente,
gritando y arrojando objetos, sufrirá las consecuencias de
sus actos, tendrá la oportunidad de arrepentirse y de
trabajar en sus emociones, de modo que pueda aprender a
expresar su enfado de un modo más adecuado y asertivo, en
vez de agresivo. Pero, ¿cómo hacer esto si, desde el
principio, niega sentir ira? ¿Como trabajar en una emoción
que ni siquiera reconoces tener?
