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Emociones positivas
Durante mucho tiempo, la psicología se ha centrado principalmente en el estudio de las emociones negativas. Las emociones positivas son menos numerosas y más difíciles de estudiar que las negativas.
A la mayoría de las personas les resulta mucho más fácil
nombrar una lista de emociones negativas que positivas. Cada
emoción negativa va acompañada de una expresión facial
propia y característica, mientras que la expresión facial de
las emociones positivas es muy similar para todas ellas y
menos expresiva. Por ejemplo, la expresión de satisfacción
es mucho menos llamativa que la expresión de miedo o ira.
Tampoco es extraño que exista una tendencia a centrarse en
aquello que supone una amenaza para el ser humano. Cuando
nos sentimos felices, damos por supuesto que así es como hay
que sentirse y no nos paramos a analizar los motivos de esa
felicidad. En cambio, cuando nos sentimos desgraciados,
ansiosos o asustados, sentimos la necesidad de analizar ese
estado, descubrir sus causas y poder eliminarlo lo antes
posible.
Sin embargo, el estudio de las emociones positivas es
igualmente importante porque sin dicho estudio, la
psicología queda sesgada y porque, tal y como apunta Bárbara
Fredrickson, una de las principales investigadoras de este
campo, las emociones positivas resuelven problemas
relacionados con el crecimiento personal y el desarrollo.
Experimentar emociones positivas lleva a estados mentales y
modos de comportamiento que, de manera indirecta, ayudan a
una persona a enfrentar con éxito las dificultades y
adversidades que encontrará en su camino. Las emociones
sirven para resolver muchos de los problemas generados por
las emociones negativas. A través de ellas, el ser humano
puede sobreponerse a los momentos difíciles y salir
fortalecido de ellos.
Emociones positivas como la alegría, el entusiasmo, la
satisfacción, el orgullo, etc., mejoran y amplían la forma
de pensar, hacen que las personas sean más creativas, nos
empuja a traspasar límites, a solucionar problemas de un
modo más acertado, a tomar decisiones más acertadas y a
pensar de un modo más sensato.
En un estudio (Fredrikson, 2003) se vio que los diagnósticos
realizados por médicos eran más acertados cuando se les
hacía sentir bien. Las emociones positivas facilitan un
pensamiento más abierto y flexible y un modo más amplio de
ver las cosas (ver el bosque más que los árboles).
Las emociones positivas favorecen la salud
Las personas que experimentan
más emociones positivas gozan de mejor salud y viven más
tiempo que el resto. En un estudio hecho con 334 voluntarios
sanos entre 18 y 54 años, se evaluó la tendencia de estas
personas a expresar emociones positivas (felicidad,
satisfacción y tranquilidad) y emociones negativas
(ansiedad, hostilidad y tristeza).Después se les administró
unas gotas nasales que contenían el virus del resfriado
común. Las personas con un estilo emocional más positivo
tuvieron un riesgo menor de contraer el resfriado que
aquellas con un estilo emocional más negativo (Cohen, Doyle,
Turner, Alper y Skoner, 2003).
Las emociones positivas eliminan los efectos fisiológicos
adversos producidos por las emociones negativas, lo cual da
lugar a un mejor estado de salud.
Las emociones positivas contribuyen también a hacer a las
personas más resistentes frente a la adversidad. Las
personas que son capaces de experimentar emociones positivas
durante los momentos de adversidad o situaciones traumáticas
hacen más planes de futuro y tiene un mejor ajuste
psicológico tras experimentar un suceso traumático.
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