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Indice:

Primera parte: características y tipos

Segunda parte: los motivos

Tercera parte: la solución

 

Segunda parte: Los motivos para postergar

A. El miedo al fracaso.

1. Cuando todo tiene que se perfecto

    Suele tratarse de personas muy perfeccionistas que tienen miedo de no estar a la altura, de no tener la habilidad o conocimientos suficientes, de no hacer todo como es debido. Piensan que su valor como personas dependen de lo que hagan y de cómo lo hagan. Si no lo hacen todo perfecto, su autoestima se viene abajo.  Suelen establecer metas muy elevadas, y esto puede llevarlos a sentirse abrumados y sobrecargados de trabajo. Se exigen ser tan competentes que no es extraño que acaben considerándose incompetentes y temiendo un fracaso que tratan de evitar postergando la tarea todo lo posible.

2. Sentimientos de inferioridad

    La persona que es demasiado crítica consigo misma y que se siente inferior a los demás y menos capacitada que ellos, puede evitar hacer muchas cosas que pongan a prueba su valía personal. De antemano piensan que lo harán mal y para evitar esa decepción y el sentimiento de fracaso, prefieren posponer indefinidamente una tarea: "ya pediré ese ascenso más adelante, cuando esté más preparado", pero pasa el tiempo y nunca parece sentirse lo bastante preparado.

B. Miedo al éxito.

1. Demasiada responsabilidad

    Algunas personas temen triunfar y tener éxito. Los motivos pueden ser diferentes. Para algunos el éxito conlleva responsabilidades que no quieren asumir. Puede implicar más trabajo, menos tiempo libre e incluso pueden aparecer temores a convertirse en un adicto al trabajo o en un triunfador arrogante y competitivo de quien todos acabarán alejándose. Aquí es importante añadir que esto sólo constituye un problema si de verdad quieres triunfar en algo, ascender, tener un puesto directivo en una empresa, etc., pero al mismo tiempo tus miedos a verte absorbido por el trabajo y sin vida propia te lo están impidiendo y te llevan a sabotear tu propio trabajo..

2. No lo merezco

    Algunas personas temen al éxito porque en el fondo piensan que no lo merecen o porque se sienten inferiores y poco capacitadas para afrontar una responsabilidad mayor y prefieren quedarse toda la vida en un puesto de menor categoría mientras secretamente envidian a ese compañero que empezó en un puesto similar al suyo y ya ocupa un cargo más importante y con mayor sueldo. Estas personas pueden incluso culpar a sus superiores de favoritismo con ese compañero al que han ascendido y al que llaman "enchufado", cuando la realidad es que han estado mostrando cierta incompetencia en tu trabajo, llegando tarde y postergando tareas precisamente para evitar ser propuesto para ese ascenso.

3. Niños: ser siempre responsable es demasiado.

    Los niños también pueden temer sacar siempre muy buenas notas porque es posible que los demás esperen que sigan siempre así, de forma que tendrán que dar lo mejor de sí en cada momento y ser siempre responsables. Así, pueden llegar a sentir que esperan demasiado de ellos y un simple aprobado puede verse como una decepción e incluso un fracaso. Los niños pueden verse fácilmente abrumados por esa responsabilidad. Otros pueden temer convertirse en los empollones de la clase y ser rechazados por los demás.

4. El miedo a ser más inteligente que los demás

    Algo parecido puede suceder también con los adultos. Algunos temen que si los demás los ven como demasiado competentes, exitosos o inteligentes, pueden sentirse intimidados o inferiores y alejarse de ellos. Puede ser, pero en ese caso son ellos (y no tú) los que tienen un problema de autoestima que deberían solucionar y no tiene sentido que te muestres incompetente sólo para que ellos no se sientan inferiores.

5. Los roles: cosas de hombres, cosas de mujeres

    A veces puede suceder también que una persona tema triunfar en una tarea que se considera típica del otro sexo por temor a ser considerados poco femeninos (en el caso de las mujeres) o poco masculinos (en el caso de los hombres). Piensa que con este comportamiento lo único que se consigue es perpetuar los roles atribuidos al sexo y coartar así la libertad de las personas para elegir libremente en función de sus gustos y no en función de lo que se espera de ellos por pertenecer a un sexo u otro.

C. Los oposicionistas: "No puedes obligarme"

   Un tercer grupo de personas tiende a posponer sus obligaciones como una forma de tener el control o de resistirse a ser controlados por otros. Piensan algo parecido a esto: "todo el mundo debe ser amable conmigo y hacer lo que yo quiero que hagan y si no, tengo todo el derecho a enfurecerme y odiarlos y negarme a hacer cualquier cosa que me pidan" (incluidos padres, profesores o jefes). Sin embargo, todo el mundo tiene que hacer, en mayor o menor medida cosas que desearían no hacer. Algunos aceptan la realidad y otros adoptan una actitud pasivo-agresiva y postergan sus tareas para fastidiar a otros o para demostrarles que no tienen ningún control sobre ellos. Se trata de personas que, como norma, tienden a negarse a hacer cualquier cosa que les digan porque lo perciben como un atentado contra su libertad personal y no como una serie de obligaciones que todo el mundo tiene que realizar. Si pasas demasiado tiempo ocupado en demostrar a los demás que eres libre y tienes el control puedes estar frustrando también tus propios deseos y perjudicándote a ti mismo.

 

D. Los que tienen "sus motivos"

    Un cuarto grupo estaría formado por aquellas personas que lo que pretenden con este comportamiento es mantenerse cerca de alguien que necesitan o bien todo lo contrario: mantener alejado a alguien. Quienes establecen una relación de dependencia, pueden ir postergando sus tareas para que sea su pareja quien al final se encargue de hacerlo al considerarlo incompetente para ciertas cosas (como realizar tareas domésticas). Cuando hay problemas en la relación también puede usarse como una manera de fastidiar al otro.

 

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