2. Trastorno límite de la
personalidad
Página 1
Página 4
Pero
no sólo perciben a los demás en términos dicotómicos, sino también a
sí mismos, de modo que no es difícil que, ante el más pequeño defecto
o fracaso se consideren seres inaceptables o que la más mínima carencia
los convierta en seres sin valor. Los malos tratos o los rechazos pueden
contribuir también a mantener esta creencia básica, que se ve confirmada
con cada rechazo.
Todo
esto los lleva a mantener patrones inestables: la idealización les lleva
a entregarse por completo a la persona amada, mientras que el miedo al
rechazo (procedente de la creencia de que son inaceptables) los lleva a
tener miedo a la intimidad y alejarse, frustrando sus propios deseos de
intimidad.
La
frustración del deseo de proximidad suele dar lugar a una ira intensa y
devastadora, que acaba destruyendo la relación, si llega a producirse. Al
mismo tiempo, la satisfacción de ese deseo es vista como peligrosa,
porque la posibilidad de abandono está siempre presente. De este modo,
mantener una relación supone estar en un estado de ansiedad constante y
la relación tiene muchas probabilidades de fracasar entre estallidos de
rabia y desesperación.
Por
tanto, suelen vacilar entre buscar la dependencia y evitarla, pero no
saben confiar en los demás en una medida moderada.
Otra
característica de estas personas es un sentido débil o inestable de su
propia identidad (confusión e incoherencia en sus metas, prioridades,
valores). La confusión acerca de sus metas y prioridades hace que sea difícil
que trabajen con regularidad y eficacia para lograr metas a largo plazo y
se dejan llevar por sus impulsos del momento. No tienen una estrategia
coherente para solucionar los problemas que surgen. De todo esto resulta
una ineficacia real y una sensación de fracaso e incapacidad, lo cual
conduce a un falta de motivación y perseverancia. La falta de un sentido
claro del sí mismo les dificulta la toma de decisiones en situaciones
ambiguas y provoca una baja tolerancia a la ambigüedad. Todo esto
refuerza sus creencias de falta de valor personal y necesidad de
dependencia
La
combinación de respuestas emocionales intensas, capacidad inadecuada para
controlar sus emociones, impulsividad y falta de dirección clara en su
vida, genera una serie de crisis y situaciones que no logra controlar, de
modo que no es extraño que aparezcan también otros trastornos, como
ansiedad generalizada, trastorno de pánico, depresión, etc. También
suele ser frecuente entre esas personas la existencia de un trastorno de
estrés postraumático, trastorno obsesivo-compulsivo u otros trastornos
de personalidad.