Intrusos de la mente: los pensamientos no deseados
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No obstante, pueden sentirse muy mal por el simple hecho
de haber pensado algo así, pueden castigarse a sí mismos haciéndose
reproches, considerarse malas personas o tener miedo de perder el
control o de volverse locos. Elsa, por ejemplo, tenía
imágenes mentales en las que se veía a sí misma haciendo daño a sus
hijos, lo cual le resultaba aterrador.
Ella amaba a sus hijos y eran
lo más importante para ella, de modo que empezaba a preguntarse si
se estaba volviendo loca o si en realidad lo que pasaba es que
odiaba a sus hijos sin ser consciente de ello. Pero lo cierto es
que no es infrecuente que los padres y madres tengan imágenes
mentales relacionadas con el daño a sus hijos, bien inflingido por
otras personas, por accidentes o incluso por ellos mismos. Por lo
general, es solamente un reflejo de la preocupación por ellos y del
miedo que tienen de que llegara a pasarles algo o incluso de lo
horrible que sería que se volviesen locos y los dañaran sin querer.
Es decir, este pensamiento es más un reflejo del miedo a que algo
malo le suceda a alguien a quien amas, que de un deseo de hacerle
daño. No obstante, cuando estos pensamientos son interpretados como
un deseo de hacer daño, producen una ansiedad intensa que puede llegar
a obsesionar a la persona. Esta obsesión hace que dichos
pensamientos se vuelvan más frecuentes, entrando en un círculo
vicioso difícil de romper.
Luchar contra los pensamientos
prohibidos puede fortalecerlos porque los transforma en obsesión. Si
te empeñas en que tienes que dejar de pensar en algo, que pensar eso
es horrible y que eres una persona despreciable por pensarlo,
entonces lo único que haces es centrar tu mente en dicho
pensamiento, de modo que acabas haciendo justo lo opuesto de lo que
deseas; es decir, no puedes dejar de pensar eso tan "terrible".
Sin embargo, los pensamientos
no deseados son universales, aunque los contenidos específicos
pueden variar según las diversas culturas. Las fantasías sexuales
indeseadas, por ejemplo, suelen implicar actos sexuales que la
sociedad considera inapropiados, como violación, infidelidad,
incesto, etc.
Algunos investigadores se han
centrado en los mecanismos mediante los cuales las personas suprimen
estos pensamientos indeseados y los efectos de dicha supresión. Pero
también han investigado por qué esos pensamientos se vuelven
prohibidos. Algunos estudios sugieren que nuestra
vulnerabilidad ante los pensamientos prohibidos es genética y que
algunas personas están más predispuestas a ellos. No obstante, las
investigaciones también muestran que la mayoría de las personas
pueden volverse vulnerables a través de una serie de influencias
externas. De hecho, algunos investigadores consideran que nuestro
sistema de valores cada vez más permisivo y flexible puede hacernos
más vulnerables a este tipo de pensamientos, aunque resulte
paradójico, así como menos capaces de manejarlos.
"En otro tiempo, teníamos estándares
mucho más estrechos de lo que era un pensamiento correcto o
incorrecto - y casi todo era incorrecto", explica
Pepper Schwartz, de la
Universidad de Washington. "En la actualidad está mucho menos claro
dónde están esas líneas". "Y sin esas fronteras sociales la gente
puede estar sobrecompensando con fronteras autoimpuestas que son
poco realistas". Esto puede suceder en el terreno sexual, en el que
algunas personas intentan prohibir sus pensamientos sexuales con
tanta intensidad que resulta excesivo.
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