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Psicología / Artículos


Trastorno de pánico y agorafobia

 

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Del pánico a la agorafobia

 

Después de varios ataques, el miedo y la preocupación aumentan. Muchas personas empiezan a evitar las situaciones en las que tuvieron esos ataques, las situaciones en las que sería difícil escapar o encontrar ayuda si se diese un ataque o las situaciones en las que se sentirían avergonzados si tuviesen dicho ataque, como reuniones sociales. De este modo, su vida se va viendo cada vez más y más restringida, hasta que puede llegar un momento en que no se atrevan a salir de casa por miedo a tener un ataque. Esto es lo que se llama agorafobia, y se da en un gran número de personas con trastorno de pánico, aunque no en todas.


Conforme el trastorno se agrava y va pasando el tiempo sin que cambien las cosas, algunas personas acaban deprimidas o recurren al alcohol y medicamentos para tratar de controlar sus síntomas. Pueden tener problemas laborales e incluso llegar a perder el trabajo o abandonarlo. Uno de cada 5 intenta suicidarse. Con frecuencia son mal diagnosticados debido a que se confunden sus síntomas con enfermedades físicas, como problemas cardíacos, hipertiroidismo y ciertos tipos de epilepsia.

 

Situaciones y actividades que suelen evitar los agorafóbicos

 

Estar lejos de casa, estar solos (sin la compañía de alguien que pudiera ayudarlos en caso de ataque), esfuerzo físico, lugares de los que es difícil escapar en caso de ataque de pánico (restaurantes, cines, grandes almacenes, transporte público), lugares en los que se sentirían avergonzados si tuviesen un ataque (reuniones, encuentros sociales...).

 

¿Cuáles son las causas del trastorno de pánico?

 

1. Predisposición biológica


Predomino del sistema cardiorespiratorio. Cuando una persona siente ansiedad, se producen una serie de respuestas físicas de varios tipos: cardiorespiratoria (taquicardia, respiración acelerada, sensación de falta de aire...), músculo-esquelética (temblores, hormigueos...) y gastrointestinal (náuseas, malestar abdominal, etc). En cada persona puede haber un predominio de uno u otro sistema y parece ser que es el primero (cardiorespiratorio) el que está más relacionado con el pánico.


Hiperventilación. Se trata de una respuesta común a la ansiedad, que es mayor en aquellas personas en las que la ansiedad activa preferentemente el sistema cardiorrespiratorio. Los síntomas de la hiperventilación son: respiración entrecortada, mareos, palpitaciones, dolor en el pecho, etc. Algunas personas hiperventilan no sólo en situaciones de ansiedad, sino de modo crónico, debido a que no respiran correctamente (respiración superficial y frecuente, predomino de la respiración oral) o a problemas de salud física como trastornos nasales o hipertiroidismo.
 
Los ataques de pánico suelen aparecer por primera vez durante una etapa de estrés prolongado. En estas situaciones, las personas con predominio cardiorrespiratorio están teniendo una respiración superficial e ineficaz, tienden a hiperventilar, sus músculos están tensos, su corazón se acelera para compensar esta mala respiración, hasta que llega un momento en que los síntomas de hiperventilación aumentan. Aquí entran en juego los factores psicológicos y de personalidad para acabar provocando un ataque de pánico.