Sección de psicología
     
 

Trastorno de pánico y agorafobia

 

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    Autora: Ana Muñoz, psicóloga, directora de Cepvi.com

 

 

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2. Factores psicológicos.

Las personas con tendencia al ataque de pánico suelen tener las siguientes características:

  • Toleran mal el estrés y tienden a responder intensamente ante situaciones que les resultan estresantes.

  • Gran sensibilidad a las reacciones corporales (como corazón acelerado, mareo, etc), que interpretan como peligrosas y pueden llegar a verlas como amenazas serias para su salud, cuando en realidad se trata de reacciones normales e inofensivas, como la reacción al miedo. Responden a estas reacciones con ansiedad y síntomas físicos.

  • Tendencia a responder con miedo ante los síntomas de ansiedad y hacer interpretaciones catastrofistas. Por ejemplo, las palpitaciones son interpretadas como indicio de ataque cardíaco, la sensación de irrealidad la interpretan como indicio de que se están volviendo locos, etc.

   De este modo, en cuanto aparecen los primeros síntomas de hiperventilación durante una etapa de estrés prolongado, estas personas se asustan mucho, piensan que algo malo les pasa, el miedo hace que su corazón se acelere aún más y que aumenten los síntomas, los cuales son a su vez interpretados como una amenaza muy seria contra sus salud. Piensan que puede ser un infarto, que se van a morir, que perderán el control del coche y se estrellarán (si van conduciendo), etc. y el miedo va aumentando hasta transformarse en verdadero pánico. Después, el miedo a que vuelva a suceder los mantiene tensos y ansiosos, aumentado así las posibilidades de que, efectivamente, acaben teniendo un nuevo ataque de pánico.

   Por tanto, el ataque de pánico es la respuesta psicofisiológica  normal (e inofensiva) que sucede ante situaciones de gran peligro (como cuando un enorme perro furioso se abalanza contra ti con intención de atacar), con la diferencia de que en el caso del ataque de pánico, no existe ningún peligro real.


Creencia falsas típicas de estas personas

Creen que si su corazón late tan deprisa es que van a tener un infarto o tienen una enfermedad del corazón. Y piensan que la sensación de falta de aire significa que se va a asfixiar. Sin embargo, las palpitaciones y los síntomas respiratorios son reacciones normales que se producen en situaciones de peligro y estamos biológicamente preparados para soportarlas. ¿Te imaginas que cada vez que a nuestros antepasados prehistóricos les persiguiera una fiera les hubiese dado un infarto o se hubiesen desmayado o asfixiado?

Piensan que el mareo significa que están a punto de desmayarse. Sin embargo, en una situación en la que desmayarse suponga un peligro real para la vida (al ir conduciendo), la misma respuesta de miedo y ansiedad se encargará de mantenerte alerta el tiempo necesario.

Piensan que durante un ataque pueden perder el control y tener un accidente de tráfico, actuar de forma impulsiva y salir corriendo y gritando, etc. Pero la realidad es que la gente con ataque de pánico no pierde el control, pueden seguir conduciendo, aumentar o disminuir la velocidad, aparcar el coche, etc, y si están en alguna habitación o local, salen caminando de allí (no corriendo descontrolados).

Piensan que la sensación de irrealidad significa que van a volverse locos. Pero es un hecho que la gente con problemas de ansiedad no se vuelve loca. Esa sensación es solamente un síntoma de hiperventilación inofensivo.

Incluso aunque aquello que temen no suceda nunca en ninguno de sus ataques de pánico, siguen pensando lo mismo, diciendo: “esta vez es diferente”. Pero no hay ningún motivo para pensar que esta vez vaya a se diferente. Tus ataques de pánico son siempre los mismos y la evidencia de tu propia experiencia te demuestra que tu corazón puede soportar las palpitaciones igual que las soporta cuando haces deporte.

Creen que un determinado suceso sería una catástrofe cuando, de hecho, sólo sería una molestia o un fastidio.

Exageran la posibilidad de que aquello que temen, suceda.

¿Qué puedes hacer?

1. Aprende todo lo que puedas sobre este trastorno

2. Aprende a respirar correctamente. Haz ejercicios respiratorios varias veces al día: coge aire por la nariz hasta llenar los pulmones desde abajo hacia arriba (como si quisieras llenar el abdomen de aire), retén el aire unos segundo y luego expúlsalo por la boca lentamente. Hazlo cada vez que te acuerdes. Durante un ataque tiendes a respirar de forma superficial y rápida. Intenta cambiar este tipo de respiración por el que has ensayado.

3. Aprende técnicas de relajación que puedas utilizar durante un ataque. Practica regularmente. También puedes utilizar otras técnicas como el yoga, la meditación, etc, que te ayudarán a liberarte del estrés acumulado.

4. Anota las sensaciones y pensamientos que tienes durante un ataque, observa cómo tus pensamientos e interpretaciones de esas sensaciones hacen que aumente tu ansiedad. Luego trata de cambiar tus pensamientos por otros más realistas y objetivos. Por ejemplo, si piensas: “me estoy volviendo loco”, trata de cambiar esos pensamientos por estos otros: “nadie se vuelve loco por tener un ataque de pánico. Sólo son síntomas de ansiedad y pasarán dentro de poco. Puedo soportarlo”. Busca evidencias que te ayuden a cambiar tus creencias erróneas: Pregúntate: ¿Qué explicación ha sido hasta ahora más acertada según mi experiencia? ¿Cuál de las dos es más razonable? La sección sobre Terapia Racional-Emotiva puede servirte de ayuda para hacer esto.

5. Durante un ataque de pánico te resultará más difícil pensar de forma objetiva y realista. Por eso, conviene que además de intentar modificar tus pensamientos durante un ataque, lo hagas también después, anotando tus sentimientos, pensamientos e interpretaciones alternativas. Puedes usar estas notas para ayudarte a pensar mejor durante el siguiente ataque.

6. Busca ayuda profesional. Un psicólogo puede ayudarte a superarlo y con una psicoterapia apropiada la mayoría de las personas con trastorno de pánico logran recuperarse por completo.

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