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¿Es la grasa tan
terrible?
Aproximadamente el 22 %
del peso de una mujer está formado por grasa y ésta es necesaria para
que la menstruación tenga lugar y para poder soportar un embarazo. En el
hombre la cantidad de grasa es menor. Esta cantidad extra de grasa en el
cuerpo de una mujer es la responsable de sus formas femeninas, la mayor
suavidad de la piel y la mayor variabilidad en la forma del cuerpo de
una mujer a otra.
La sociedad actual impone
como deseable un peso en el que sólo encaja un 5% aproximadamente de la
población. El resto de las mujeres están por encima de ese peso. Cuando
la tendencia de moda se empeña en hacer desaparecer la grasa del cuerpo
de una mujer hasta suprimir de ella sus formas femeninas, deberíamos
empezar a preocuparnos y preguntarnos qué es lo que está pasando, sobre
todo cuando al mismo tiempo, la empujan a desarrollar su musculatura en
el gimnasio, de modo que el cuerpo de la mujer resulte más parecido al
del hombre (menos grasa, más músculo). Pero lo que resulta paradójico es
que poca gente, a nivel individual, considera más atractiva a una mujer
así. ¿Cuáles son, entonces, las fuerzas que están empujando a las
mujeres hacia esto...?
¿Vale la pena
perder peso?
Una vez que hayas
aceptado que tu peso biológico podría estar por encima de la media,
deberás decidir si vale la pena el esfuerzo y quieres prepararte para
controlar tu peso de por vida o si prefieres aceptar que eres así y
tratar de mantenerte en el límite inferior de tu peso biológico, lo cual
no supondrá una gran dificultad.
Si deseas seguir adelante
con el régimen a pesar de todo o si estás por encima de tu propio peso
ideal, en las siguientes líneas encontrarás algunas estrategias
psicológicas que podrán ayudarte.
Cómo influyen tus
pensamientos y tu forma de ver el mundo
Tu manera de ver el
mundo, es decir, tu filosofía de vida, está influyendo en tu
comportamiento y en tus emociones. Cuando sucede un determinado
acontecimiento en tu vida, haces interpretaciones acerca de su
significado. Esas interpretaciones que haces y las cosas que piensas
pueden considerarse racionales o irracionales. Por ejemplo, supongamos
que te miras al espejo y/o te pesas y ves que has engordado varios
kilos. Ante esta situación podrías pensar racionalmente cosas como: “he
engordado demasiado; preferiría perder los kilos que me sobran, así que
voy a intentarlo”. O bien, puedes pensar irracionalmente: “he engordado
un montón; es horrible, nunca podrá adelgazar, es muy difícil, estoy
horrible, así no voy a encontrar a nadie que me quiera...”. En el primer
caso, tu forma de pensar te llevará a hacer una dieta y no darle
demasiadas vueltas. En el segundo, te llevará a una depresión, la cual
te hará muy difícil mantener un régimen.
Algunos ejemplos de
creencias irracionales que te impiden lograr tus objetivos y te llevan a
problemas emocionales son los siguientes:
-
Ya debería haber perdido peso
-
No debería tener que hacer tanto
esfuerzo para mantener mi peso
-
Mi familia debería apoyarme en esto y
no invitarme a restaurantes a comer frituras
Estos son ejemplos de
exigencias absolutistas. Cuando exiges algo, en vez de simplemente
preferirlo, te vas a sentir muy mal cuando las cosas no suceden como tú
quieres; algo que pasará inevitablemente, ya que el mundo no está ahí
para satisfacer tus deseos.
-
Es terrible estar gordo. Jamás podré
ser feliz así.
-
Es horrible tener que estar haciendo
dieta y privarme de cosas que deseo.
No es terrible, sólo
incómodo o frustrante, pero perfectamente soportable y hay otros modos
de ser feliz aparte de tener la figura que deseas.
-
No puedo resistir el deseo de dulces.
Me gustan demasiado.
-
Es demasiado duro
-
Es un asco tener que levantarme
temprano a hacer ejercicio
Todos estos “no puedo”
son falsos, pues nadie te pone un arma en la cabeza para hacerte comer
chocolate. Pero si piensas así no podrás esforzarte lo suficiente para
perder peso.
-
Ya debería haber perdido peso. No soy
bueno ni para esto.
-
No tengo autocontrol; no valgo para
nada
Al pensar así estas
juzgando toda tu persona en función de una pequeña parte de ti, como si
tú fueses solamente tus kilos y tu modo de manejarlos y nada más. Una
cosa es lo que haces y otra lo que eres como persona. Fracasar en una
cosa no te convierte en un fracaso, igual que hacer una tontería no te
convierte en tonto. Si sólo te sientes bien cuando haces las cosas bien
tienes todas las papeletas para odiarte a ti mismo, a no ser que seas un
ser perfecto.
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