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El siguiente artículo está basado en el libro The art and science of rational eating, escrito por los psicólogos Ellis, Abrams y Dengeligi, y que expone la aplicación de la Terapia Racional Emotiva para combatir la obesidad.

Definir la obesidad no es fácil, ya que dicha definición suele estar basada en juicios arbitrarios establecidos por la sociedad y ha variado mucho a lo largo del tiempo o en diferentes culturas. La tablas basadas en el peso en función de la edad, sexo y estatura son las más utilizadas. Sin embargo, el peso de una persona con respecto a otra de su misma edad, estatura y sexo, no sólo varía en función de la cantidad de grasa, sino también según la cantidad de masa ósea y muscular. Una persona que haga levantamiento de pesas, por ejemplo, ganará peso rápidamente debido a un aumento de su musculatura sin que haya aumentado la cantidad de grasa.

Otras medidas se basan exclusivamente en la cantidad de grasa que tiene una persona. Sin embargo, tampoco existe un acuerdo universal respecto a qué cantidad es la adecuada. Además, los estudios muestran que es más saludable tener unos kilos de más que unos kilos de menos.

Tal vez la mejor definición es la que utilizó un juez del tribunal supremo estadounidense refiriéndose a la justicia: “No puedo definirla pero la reconozco cuando la veo”.

Por qué hay personas obesas.

Si consideráramos la obesidad como lo que realmente es, no tendríamos necesidad de hacernos esta pregunta, del mismo modo que no nos preguntamos porqué existe gente baja o gente alta. Si sales a la calle verás multitud de personas de estaturas muy diferentes entre sí. En la sociedad actual probablemente será acertado pensar que todos han estado bien alimentados y que, por tanto, las diferencias en estatura se deben, básicamente a la herencia genética. Con el peso ocurre lo mismo. Algunas personas son delgadas, puede que incluso demasiado delgadas para su gusto, pero por mucho que lo intenten no puede engordar más que unos pocos kilos que suelen perder con la misma facilidad con la que los ganaron. Otras personas, en cambio, son más obesas que la mayoría. Esto se debe a las diferencias existentes en el metabolismo de cada persona. Las personas obesas tienen un metabolismo más eficaz, siendo capaces de hacer la misma actividad consumiendo menos calorías que las personas delgadas y pudiendo, por tanto, almacenar más grasa en su cuerpo. Se trata de un mecanismo adaptativo de nuestra especie, pues durante las grandes hambrunas que hemos padecido a lo largo de nuestra historia, los únicos capaces de sobrevivir eran precisamente quienes contaban con un metabolismo capaz de sacar partido de la escasez y aprovechar los alimentos al máximo en vez de derrocharlo, como hacen las personas muy delgadas.

El peso ideal

El llamado peso ideal solamente existe a un nivel individual. La sociedad actual se ha empeñado en establecer pesos y medidas en las que todo el mundo debería encajar y ha considerado gordas a aquellas persona cuyas medidas están por encima de esos estándares arbitrarios, sin tener en cuenta las diferencias individuales.

Pero por mucho que la sociedad se empeñe, no es ella, sino la naturaleza la que determina el peso de cada persona. Es decir, el peso está determinado genéticamente, igual que la estatura, el color de los ojos o la raza. Pero esta predeterminación no es rígida, sino que se trata, en realidad, de un rango de varios kilos dentro del cual puedes ganar o perder peso con facilidad y que consiste en un 10 ó 15 % del peso de cada uno. Probablemente, tu límite superior lo constituye el peso más alto que has alcanzado en toda tu vida. A partir de ahí puedes seguir comiendo sin ganar más peso e incluso si te fuerzas a ti mismo a comer más de la cuenta, solo engordarás un poco y lo perderás fácilmente en cuanto empieces a hacer una alimentación normal otra vez.

Para determinar el rango de tu peso biológico, resta del 10 al 15 % de tu peso actual. Por ejemplo, si estás en tu límite superior y pesas 80 kilos, podrás perder con facilidad de 8 a 10 kilos; es decir, hasta alcanzar tu límite inferior. Pero si resulta que dicho límite inferior está por encima de lo que consideras deseable y deseas seguir adelgazando, te costará mucho más trabajo, ya que tu cuerpo luchará con gran fuerza por evitarlo (tienes más hambre, deseas alimentos ricos en grasas, disminuye tu metabolismo, haciéndose más eficaz y aumenta tu aversión al ejercicio). Tener esto en cuenta es muy importante, ya que si reconoces que tu cuerpo está inclinado a mantener un peso determinado y que ese peso puede estar por encima del que preferirías, puedes prepararte para afrontar eso sin sentirte culpable y castigarte por “no ser capaz” de atenerte a un régimen. Si, por el contrario, supones que sólo adquiriendo buenos hábitos alimenticios lograrás mantenerte delgado siempre, entonces es muy probable que acabes sintiéndote mal y fracasando, pues las cosas no son tan simples.

 

Imagina que un marinero naufraga y va a parar a una isla desierta con una dieta escasa. Al principio empezará a adelgazar, pero llegará un momento en que su cuerpo se habitúe a la cantidad de comida disponible. Supongamos que pasan varios años y es rescatado. Si de nuevo dispone de toda la comida que desee y puede comer con normalidad, volverá a recuperar su peso con rapidez. Lo mismo podemos decir de una persona obesa: si desea mantenerse por debajo del límite inferior de su peso biológico, deberá comer menos de lo normal durante el resto de su vida, igual que el naufrago en la isla, ya que en cuanto vuelva a comer con normalidad, volverá a ganar peso.

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