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¡Cuidado! Los niños sufren
Autor: el Club de la
Efectividad
Si pedimos a un adulto cuyos
padres no tuvieron un matrimonio feliz que describa los
recuerdos de su niñez, es probable que escuchemos historias
de tristeza, confusión, falsas esperanzas y amargura. Sus
padres pueden haber divorciado, o haber sido esas parejas
que sólo seguían juntos "por el bien de los niños".
No importa si una pareja está casada, separada o divorciada;
cuando una madre y un padre muestran hostilidad y desprecio
el uno hacia el otro, sus hijos sufren. Esto ocurre porque
el desarrollo de un matrimonio -o un divorcio- crea una
especie de "ecología emocional" para los niños.
Así como un árbol se ve afectado por la
calidad del aire, el agua y el suelo en su medio, la salud
emocional de los niños está determinada por la calidad de
las relaciones íntimas que los rodean
Sus interacciones como
padres, influyen en las actitudes y logros de sus hijos, la
capacidad para regular sus emociones para llevarse bien con
los demás. En general, cuando los padres se preocupan y se
apoyan mutuamente, la felicidad emocional aflora en los
hijos. Pero los niños que está constantemente expuestos a la
hostilidad que existe entre sus padres, pueden toparse con
riesgos que ni siquiera son capaces de advertir.
No hay ninguna duda de que los niños se sienten afligidos
cuando son testigos de las peleas de los padres. Sus
reacciones varían entre: el llanto, quedarse inmóviles,
tensionados, taparse los oídos, esconderse (o por lo menos
taparse los ojos, creyendo que así dejará de existir tan
terrible escena).
Incluso los niños más pequeños, reaccionan ante las
discusiones de los adultos con cambios fisiológicos tales
como el aumento del ritmo cardíaco y la presión sanguínea.
El estrés de vivir con el conflicto de los padres puede
afectar el desarrollo del sistema nervioso autónomo de un
pequeño, el cual determina la capacidad del niño para
resolver problemas.
Los hijos de las parejas muy conflictivas obtienen
clasificaciones más bajas. "La gran tragedia educativa de
nuestro tiempo es que muchos niños están fracasando en la
escuela, no por problemas intelectuales o físicos, sino por
sus "desequilibrios" emocionales, producto del ejemplo
emocional que reciben en el seno de sus hogares".
Los niños educados por padres cuyos matrimonios se
caracterizan por la crítica, la posición defensiva y el
desprecio, tienen muchas más probabilidades de mostrar una
conducta antisocial y agresiva hacia sus compañeros de
juego. Tienen mayores dificultades para regular sus
emociones, concentrar su atención y calmarse a sí mismos
cuando se sienten perturbados. También, el "maltrato
emocional " recibido por un niño puede manifestarse en
problemas de salud, que pueden ir desde tos y resfríos hasta
llegar a cuadros de estrés crónico.
Aunque esto puede resultar perturbador para los padres que
están experimentando un conflicto matrimonial, hay
esperanzas. En especial para las parejas de padres (casados
o divorciados) que se sientan motivadas por cuidar y dar un
buen ejemplo a sus hijos. La primera y más importante
lección que una pareja de padres debe aprender es:
No es el conflicto entre los padres, en sí
mismo, lo que resulta tan perjudicial para los niños, sino
la forma en que los padres manejan sus disputas
A menudo, las discusiones,
los enfrentamientos y las disputas, dejan a los padres
demasiado agotados y disponen así de menos tiempo y energía
para dedicar a sus hijos. Estar presentes, desde el punto de
vista emocional, ayudándolos a enfrentar los sentimientos
negativos, escuchándolos y guiándolos durante los períodos
de estrés familiar, hace que los hijos se sientan protegidos
contra muchos de los efectos perjudiciales de la agitación
familiar, incluído el divorcio.
El divorcio no es necesariamente lo que perjudica a los
niños, sino más bien la intensa hostilidad y la mala
comunicación que puede desarrollarse entre madres y padres,
ya que éstas pueden continuar aún después del divorcio.
Las formas adecuadas de abordar los conflictos entre padres,
pueden ser aprendidas por ellos mediante una correcta
"capacitación emocional", un amortiguador probado contra los
efectos perniciosos de los conflictos matrimoniales y
familiares en general.
Los padres cuyos matrimonios son insatisfactorios, ofrecen
un mal ejemplo a sus hijos sobre la forma de relacionarse
con los demás. Los niños que son testigos de la agresividad,
beligerancia o desprecio de sus padres entre sí, tienen más
probabilidades de mostrar esta misma conducta en sus
relaciones con sus amigos.
Al carecer de modelos que les enseñen cómo escuchar con
empatía y resolver los problemas en forma cooperativa, los
niños siguen el libreto que sus padres les han enseñado, un
libreto que afirma que la hostilidad y la actitud defensiva
son respuestas adecuadas para el conflicto que la gente
agresiva consigue lo que quiere.