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Psicología / Artículos


Imaginación guiada: una forma de terapia

 

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La imaginación como fuente de información

 

La imaginación puede servir también para proporcionarte información acerca de lo que te sucede. Miriam tenía un dolor de cabeza insistente, así como dolores de cuello y hombros. Utilizó la imaginación para obtener información acerca de este dolor. Para ello, cerró los ojos y trató de imaginar su dolor de cabeza, de darle alguna forma. Entonces vio cómo un enorme pie le aplastaba la cabeza, y le pisoteaba los hombros. Entonces se preguntó, "¿Quién es? ¿Quién me hace esto?" Y al mirar hacia arriba en su imaginación vio que la persona que la pisaba era ella misma. Efectivamente, Miriam era una persona con una gran tendencia a pisotearse, a despreciarse a sí misma, sobre todo durante los últimos días, en los que padeció ese dolor de cabeza de tipo opresivo y constante. Su imaginación le dijo de dónde procedía el dolor. Entonces utilizó la imaginación para superar el dolor de cabeza. Imaginó que la parte de sí misma que la pisaba se convertía en un globo, y se elevaba, totalmente ligera, librándola de la presión a la que estaba sometida. Y, por supuesto, se prometió a sí misma tratarse con más benevolencia.

Las enfermedades y los síntomas nos dicen que hay algo que marcha mal, algo que es necesario ajustar, adaptar o cambiar. La imaginación puede ayudarte a entender mejor tu enfermedad o tus síntomas y responder a su mensaje del modo más sano posible.

 

Por qué funciona la imaginación guiada

 

El cerebro está dividido en dos hemisferios; el derecho y el izquierdo. El hemisferio izquierdo es el principal responsable del lenguaje oral y escrito y piensa de un modo lógico y analítico. En cambio, el hemisferio derecho piensa con imágenes, sonidos, relaciones espaciales y emociones. El izquierdo, analiza, separando las partes, mientras que el derecho sintetiza, uniendo las partes.

La diferencia fundamental entre ambos está en el modo en que procesan la información. El hemisferio izquierdo lo hace de un modo secuencial, centrándose en una pieza de información cada vez; mientras que el derecho lo procesa simultáneamente. Por ejemplo, al ver un tren pasar, el hemisferio izquierdo lo miraría de cerca, vería un vagón, luego el otro, se centraría en diferentes partes, observaría cómo un vagón se engancha al otro, etc. El hemisferio derecho, en cambio, lo observaría desde lejos, como si lo viera desde un avión. Observaría no solo en tren, sino la vía serpenteante extendiéndose a lo largo de varios kilómetros, de dónde viene y adónde va, el bosque a su alrededor.

Esta capacidad del hemisferio derecho para ver el contexto más amplio es una de sus funciones más importantes de cara a la curación. La imagen mental que produce nos permite ver el cuadro general y los aspectos con los que una enfermedad está relacionada y en los que ni siquiera habías pensado. No ves sólo la pequeña pieza, sino cómo esa pieza se conecta con otras partes del todo. Este cambio de perspectiva puede ayudarte a buscar nuevas soluciones.