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Página 2
Los efectos fisiológicos de la imaginación
La imaginación puede influir
en la fisiología. Mediante ella, puedes inducir cambios en
numerosas funciones de tu organismo que por lo general
suelen ser inaccesibles a la influencia consciente.
Por ejemplo, si alguien te dice que levantes la mano, puedes
hacerlo de inmediato si lo deseas. No obstante, si te dicen
que aumentes los latidos de tu corazón no te será tan fácil
hacerlo; al menos mientras no intervenga tu imaginación.
Trata ahora de imaginar, de la forma más realista posible,
que te han encerrado en un pozo que se llena de agua cada
vez más. En el techo del pozo hay una puerta cerrada que
empiezas a golpear con desesperación, cada vez con más
fuerza, con más rapidez, tratando de romper a toda costa
para salvar tu vida. Probablemente, después de este
ejercicio de imaginación guiada, hayas logrado aumentar tu
frecuencia cardiaca. O bien, piensa en tu comida favorita
(tal vez un dulce), e imagina cómo te lo comes con todo
detalle, tratando de sentir su sabor, su textura, etc. No
sería extraño que comenzaras a salivar. Sin embargo,
seguramente no podrías salivar sólo con pensar "voy a
salivar", sin recurrir a la imaginación.
Pero, ¿por qué puedes mover tu mano voluntariamente pero no
puedes salivar o modificar tu frecuencia cardiaca a
voluntad? Por que los músculos de tu mano están controlados
por el sistema nervioso central (SNC), y la frecuencia
cardiaca o salivación son respuestas controladas por el
sistema nervioso autónomo (SNA). El SNA controla funciones
fisiológicas que no están bajo el control consciente. Este
sistema no responde ante pensamientos ordinarios como
"¡Corazón, late más despacio!", pero sí ante la imaginación.
Si tu mente está llena de pensamientos e imágenes de
peligro, tu cuerpo se preparará para afrontar ese peligro,
iniciando una respuesta de estrés, un elevado nivel de
activación y tensión. En cambio, si tu mente está llena de
imágenes de paz y tranquilidad, enviará a tu cuerpo señales
para que se relaje.
Los investigadores han demostrado como la imaginación puede
afectar a la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea, el
consumo de oxígeno, las ondas cerebrales, las
características eléctricas de la piel, la motilidad y
secreciones gastrointestinales, la excitación sexual, los
niveles hormonales, los neurotransmisores o el sistema
inmunitario. Pero el potencial terapéutico de la imaginación
va mucho más allá de los simples efectos fisiológicos.
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