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4. Abordajes en el tratamiento
Son múltiples los abordajes en el
tratamiento de los fumadores. Estos van a depender, por un lado, de
la perspectiva de salud pública y, en el otro extremo, de una
perspectiva eminentemente clínica, farmacológica o psicológica, de
sí el fumador demanda el tratamiento o se le ofrece, disponibilidad
de tratamientos, facilitación o insistencia a nivel laboral para que
deje o no de fumar y concienciación del personal sanitario sobre la
relevancia del problema.
Los abordajes en el tratamiento de
fumadores van a ir desde el propio individuo que quiere dejar de
fumar hasta el conjunto global de la comunidad que anima e insiste
en que todos los fumadores dejen el consumo. En el primer caso es el
individuo el que quiere dejar de fumar y quiere hacerlo por su
cuenta. En el otro, se intenta convencer a todos los fumadores de
una población para que dejen de fumar. Y, en los intermedios tenemos
la oferta de procedimientos simples o más complejos para ayudar a
dejar de fumar, clínicas especializadas, tratamientos farmacológicos
con o sin receta médica, consejo médico, etc. En esta guía se
analizan todos, y no se consideran excluyentes unos respecto a los
otros, sino complementarios. Con ello se pretende ayudar a los
profesionales a disponer del criterio necesario para ayudar a todos
los fumadores al considerar todos los posibles abordajes
terapéuticos disponibles y adecuar así la respuesta asistencial a la
necesidad concreta de cada caso.
5. Facilitar el proceso de que
los fumadores dejen de fumar por sí mismos.
Aunque como clínicos, o
profesionales de la salud, pensamos que lo más idóneo sería ofrecer
a todos los fumadores algún procedimiento guiado para dejar de
fumar, la realidad nos dice que la gran mayoría de las personas que
fuman consiguen dejar de fumar por sí mismos. El fumador se
considera, y es, una persona normal que por distintos motivos ha
adquirido una dependencia.
Como se considera con suficiente control sobre su vida y motivado
para hacer los cambios que cree conveniente en ella (lo que
vulgarmente se denomina "fuerza de voluntad" y técnicamente llamamos
motivación), al plantearse dejar de fumar la mayoría lo consigue a
lo largo de un período de tiempo (que puede oscilar desde meses
hasta varios años).
Otro hecho que no hay que olvidar es que no tendría sentido "patologizar"
a todos los fumadores, dado que constituyen un tercio de la
población. Ellos tampoco consideran que tengan una patología, aunque
a nivel técnico muchos son "dependientes de la nicotina", y un
porcentaje van a mantener esta condición crónica a lo largo de toda
su vida. Para el conjunto de fumadores hay que animarles a que dejen
de fumar y a que comprueben por ellos mismos si son o no
dependientes de la nicotina. Si no dejan de fumar por ellos mismos
tendrían que pasar a otros tratamientos más intensivos para poder
hacerlo. De ahí que sea necesario incidir con campañas de
información en el conjunto de los fumadores de la población para
estimular que dejen de fumar. La información objetiva sobre las
consecuencias del tabaco en la salud en los medios públicos, la
mayor insistencia desde el sistema sanitario sobre las consecuencias
del tabaco en la salud, y el ofrecer distintos abordajes de tipo
comunitario, para que con ellos puedan dejar de fumar o servirles de
detonante para intentarlo, son algunas de las estrategias que ayudan
a dejar de fumar.
Garantizar la disponibilidad de folletos en los centros de salud,
farmacias u otros lugares, y promover la elaboración y difusión
masiva de materiales de autoayuda u otros procedimientos (teléfonos,
programas comunitarios, programas interactivos en internet…)
facilita el que más fumadores dejen de fumar.
El abandono del consumo de tabaco
es un proceso con varias fases. Cada fumador se encuadra en alguna.
La pertenencia a una u otra depende de la mayor o menor motivación
que el fumador tenga para dejar de serlo. La principal función de
los profesionales sanitarios es ofertar la mejor ayuda a cada uno.
Esta dependerá de la fase en la que se encuentre. Proporcionar
información objetiva sobre las consecuencias del consumo del tabaco,
y practicar distintos abordajes de tipo comunitario, son estrategias
que pueden ayudar a que los menos motivados se planteen dejar de
fumar. No obstante, con los que quieran hacer un serio intento para
abandonar el consumo de tabaco, la oferta de tratamiento
psicológico, tratamiento farmacológico, o una combinación de ambos,
está claramente recomendada.
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