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Guía de procedimientos eficaces para ayudar a los fumadores a dejar de fumar

 

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Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo. España.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2. La necesidad de ayudar a dejar de fumar

 

Fumar cigarrillos constituye la primera causa evitable de morbi-mortalidad de los países desarrollados. Por ello es el primer problema de salud pública, con claras repercusiones no sólo en la esfera sanitaria sino también en la económica y en la social. En España mueren cada año 46.000 fumadores debido al tabaco. Muchos otros sufren las consecuencias de fumar, al padecer enfermedades que afectan sobre todo al sistema circulatorio y al pulmonar. En el humo del cigarrillo hay miles de componentes (destacando la nicotina, el alquitrán, el monóxido de carbono, el benzo-a-pireno ...) que producen efectos negativos en la salud, especialmente en forma de dependencia y enfermedades. Para muchos fumadores fumar se va a convertir en una condición o proceso patológico crónico. En su ambiente cercano, y si hay fumadores pasivos (hijos, pareja u otros), van a padecer también indirectamente las consecuencias del humo del tabaco ambiental.

En España actualmente fuma el 36% de la población adulta. En jóvenes hay más mujeres que varones fumando, con lo que las enfermedades que clásicamente produce el tabaco (cáncer de pulmón, cardiopatía, etc.) se irán incrementando también en las próximas décadas en las mujeres.

Por suerte, cada vez más dejar de fumar se ha convertido en los últimos años en un fenómeno en aumento. Las campañas por parte de las administraciones sanitarias y la mayor demanda de tratamiento por parte de los fumadores, facilitada por la presión social al abandono de los cigarrillos, el mayor conocimiento de las consecuencias del tabaco en la salud y la constatación de que es una dependencia, han ayudado a todo ello. Dado que las personas se plantean dejar de fumar en su vida media (en torno a los 40 años), nos corresponde a todos acelerar el proceso de abandono, por una parte, y por otra ayudar a que los potenciales nuevos fumadores no se incorporen al consumo de cigarrillos.

3. Favorecer un entorno adecuado

Aunque desde una perspectiva clínica siempre pensamos que el tratamiento es lo más importante, cara a los fumadores y para el control del tabaquismo, también es de gran relevancia la existencia de claras restricciones a fumar en el entorno. De ahí la gran relevancia que tiene el que podamos conseguir espacios libres de tabaco, facilitar que los fumadores pasivos no sufran las consecuencias del tabaco en la salud y, no menos importante, que con todo ello se anime a los fumadores a dejar de fumar o a plantearse hacerlo en algún momento, a corto, medio o largo plazo. Poner en marcha medidas restrictivas para fumar en distintos lugares facilita plantearse dejar realmente de fumar, dejar de fumar y mantenerse más fácilmente abstinente. Estudios empíricos muestran que las restricciones a fumar en el trabajo se traducen en abandonos del tabaquismo.

Corresponde a las administraciones públicas y al poder legislativo dictar normas claras para respetar el derecho de los no fumadores a respirar aire limpio, para facilitar también que los que fuman puedan dejar su dependencia. Pero también es importante ir poniendo en marcha acciones concretas que todos podemos llevar a cabo, como no permitir fumar en la sala de espera, en las reuniones, y hacer cumplir las normas ya vigentes. De igual modo, el efectivo control de la publicidad, un incremento de precios y la clara potenciación de espacios sin humo, contribuiría de modo efectivo a conseguir todo ello.

Existen evidencias que muestran como, cuanto más se amplía el número de zonas en las que se regula el uso del tabaco, más significativa es la disminución de su consumo global.

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