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Culpa y exceso de responsabilidad
Muchas personas que han
crecido en familias disfuncionales pueden haber aprendido
desde su infancia a sentirse culpables si no pueden asegurar
la felicidad y el éxito de los demás miembros de la familia.
Así, se sienten responsables de los fracasos o errores de
sus parejas. Este sentimiento de culpa y responsabilidad
excesiva respecto a los demás lleva a una persona a
renunciar a sus propias fronteras y a estar disponible para
la otra persona en todo momento.
No obstante, cuando nos hacemos responsables en exceso de la
vida de otra persona no sólo nos estamos haciendo daño a
nosotros mismos, sino también a esa persona, pues le estamos
impidiendo vivir su vida, aprender de sus errores, elegir
libremente su camino, formar su propia identidad. Es decir,
le estamos privando de la posibilidad de llevar una vida
independiente y madura y de ser responsable de sí mismo, sus
actos y sus pensamientos, aceptando las consecuencias de sus
decisiones.
Una respuesta más sana en esta situación consiste en
permitir a nuestras parejas triunfar o fracasar por sí
mismos. Por supuesto, puedes estar ahí para apoyar y animar
a tu pareja ante las dificultades y puedes aportarle ideas o
sugerencias cuando tu pareja te lo pida o desee comentar
algo contigo, pero le permites tomar sus propias decisiones
sin tratar de controlar su vida.
El deseo de rescatar a la pareja
Algunas personas que han
vivido en familias disfuncionales pueden haber aprendido que
sólo reciben atención y amor de sus padres cuando sienten
compasión y cuidan de ellos (como el caso de padres
alcohólicos o depresivos a quienes sus hijos han de cuidar).
Así, acaban confundiendo el amor con el hecho de rescatar a
otra persona con algún tipo de problema o trastorno
emocional. Aprenden a renunciar a sus propias fronteras para
cuidar del padre o madre enfermo. En la edad adulta, su modo
de amar a su pareja es similar. Si pueden rescatar a su
pareja, entonces sienten que están mostrando amor y
consideran que es el único modo de que otra persona los ame.
Al cuidar a su pareja sienten un sentimiento de calidez,
conexión y cariño que confunden con amor. Después de todo,
durante su infancia solamente sintieron esto cuando cuidaban
de su padre o madre y así han aprendido que el amor es
rescatar al otro o que sólo puede darse en ese contexto.
Sin embargo, esta actitud anima a su pareja a mostrarse más
necesitada y desvalida. La relación acaba estando
desequilibrada, pues un miembro de la pareja hace el papel
de rescatador y el otro de víctima indefensa; es decir, uno
hace de adulto y el otro de niño indefenso y necesitado, de
manera que ninguno de los dos está viviendo un amor real ni
la relación que establecen permite el crecimiento.
La compasión y la disponibilidad para cuidar de la otra
persona en caso necesario, son cualidades deseables y
positivas, pero no ha de confundirse con amor el deseo de
salvar a otra persona. Una relación sana ha de ser
bidireccional. Es decir, ambos miembros de la pareja se
apoyan y cuidan el uno al otro cuando lo necesitan, pero
ambos son capaces de asumir los dos roles según las
circunstancias del momento.
Si has establecido una relación de pareja tipo adulto/niño
es posible que estés confundiendo los sentimientos de
compasión que te inspira esa persona y creyendo que lo que
sientes es amor, y es posible que tengas que dedicar un
tiempo a recapacitar sobre lo que de verdad significa el
amor y el tipo de relación que realmente desearías tener.
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