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Psicología / Artículos


Propuesta de valoración psicológica forense de la veracidad del testimonio de víctimas de abuso sexual infantil

 

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En los casos de ASI la prueba pericial constituye un elemento clave para el Juez, por tal razón la supuesta víctima es remitida al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para su valoración. A través de ésta pueden detectarse, dependiendo de las características del abuso y del tiempo transcurrido entre el momento en que éste ocurrió y el momento en que es examinado, huellas físicas o no. Cuando se cuenta con evidencia física (heridas en los genitales o desgarros, restos de semen, etc.), el caso prácticamente está resuelto, el infractor debe pagar por su acto antisocial.


El problema se presenta cuando no existe evidencia física; en estos casos, la declaración de la víctima constituye el único recurso con el que se cuenta para probar la ocurrencia del hecho punible e impedir que el delincuente evada la acción de la Justicia. Ante su ausencia, la autoridad a cuyo cargo está el caso, dependiendo de las características del mismo, remite a la presunta víctima al psicólogo forense para que determine si su testimonio es creíble y válido.


La mayor parte de los especialistas coinciden en que en el 95% de los casos de ASI se presenta en el entorno familiar y que el agresor usualmente es alguien próximo al niño (padre, abuelo, tío, padrastro, hermano), un adulto con el que la víctima mantiene relaciones afectivas estrechas y continuas.


Según Elterman y Ehrenberg (1991) el número de denuncias falsas de abuso sexual se ha incrementado en forma significativa. Por ello, a la hora de determinar la validez de los testimonios de los niños hay que ser muy cautos. Las denuncias falsas se presentan especialmente en el contexto de conflictos conyugales, investigar el beneficio que pudiera reportarle la denuncia al cónyuge denunciante constituye un paso obligado siempre que se evalúe un caso de abuso sexual infantil intrafamiliar.


En las estadísticas norteamericanas más recientes se presentan seis veces más acusaciones de abuso sexual en familias en las que hay disputas de divorcio, tenencia y visitas, que en las que esto no está sucediendo. Se debe ser especialmente cuidadoso cuando el divorcio es reciente, hay disputas por visitas y, sobre todo, si uno de los padres se siente agraviado.


Algunos factores pueden enturbiar la veracidad del testimonio de los menores: la edad, la capacidad de fabulación, la limitación de la memoria y la posible sugestionabilidad.


Entre los niños menores y mayores existen diferencias claras en memoria (por la diferencia cerebral son diferentes los procesos amnésicos de acuerdo a la edad), conocimientos previos (fundamental al momento de contextualizar la experiencia y poder relatarla), lenguaje (los niños pequeños tienen mayor dificultad para poner en palabras los hechos), juicio (los niños pequeños tienen mayor dificultad para distinguir fantasía de realidad), y persistencia (los niños mayores tiene mayor obstinación en persistir con un relato).


La fabulación, la incapacidad para distinguir entre los sucesos percibidos (vividos) y los inventados (imaginados), es menos habitual de lo que se cree. Los niños no suelen fantasear sobre lo que no han experimentado, cuando un niño describe en forma detallada y vívida una actividad sexual, no es posible atribuirla a su imaginación (Arruabarrena, 1995).
 
En relación con la memoria, la diferencia entre los menores y los adultos es más cuantitativa que cualitativa, el recuerdo de los menores de corta edad (3 años) es bastante exacto, aunque menos detallado que el de los niños mayores (8 años) (Goodman, Rudy, Bottons y Aman, 1990). A partir de los 10 años no existen diferencias entre el relato de los menores y el de los adultos (Dent y Stephson, 1979; Arruabarrena, 1995).

 

 

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